Los misterios me han fascinado desde pequeño, ese placer de hurgar en lo oculto, lo confidencial, lo secreto es algo innato en mí. He sido un incansable cazador de textos, artículos, libros raros y lugares cubiertos con la niebla de los enigmas.
Uno de esos sitios que siempre he soñado ver es el Archivo Secreto Vaticano, cuantas maravillas deparan a un amante del conocimiento tras sus 800 años de historia, sus 85 Km de estanterías lineales y sus 150 000 documentos.
Hasta hace poco tiempo el escuchar el nombre de este lugar me hacía volar la imaginación. Hoy sigue haciéndolo pero no ya por el calificativo en sí, sino por su verdadero valor documental.
Hurgando en la historia de este sitio tropiezo con el origen etimológico de la palabra Secreto. Término que comienza a aplicarse durante el siglo XV para denominar a las instituciones tanto seculares como religiosas cercanas al "Príncipe" o en este caso al "Papa". No es raro entonces que la persona más allegada al Príncipe o Papa se denominara "Secretarium", es decir, lo que conocemos en la actualidad como Secretario o persona próxima a algún jefe.
Por lo tanto, la expresión es aplicable no solo a personas o cargos sino también a lugares como por ejemplo: la "bibliotheca secreta", las "camerae secretae", la "capilla secreta" y el "archivum secretum". Este último lugar es que el hoy conocemos como Archivo Secreto Vaticano, sobre el cual el Sumo Pontífice tiene propiedad y administración absoluta ya que se trata de su archivo privado.
Develar el "misterio" del nombre no quita para nada el sabor a lo desconocido. Sabido es que el acceso al archivo está permitido a investigadores e historiadores, previa acreditación y visto bueno del Vaticano, sin embargo, está restringido sólo a una pequeña parte del fondo documental. La otra permanece cerrada quizás para siempre. ¡Es la única institución que tiene el derecho de no desclasificar sus archivos jamás!
Cuánto se ocultará de la historia occidental en sus inmensos sótanos es algo que tendremos que seguir imaginando, hechos que de salir a la luz podrían cambiar la historia de la humanidad tal vez para bien, o lo más probable, para mal. Por otro lado, me pregunto si seremos capaces de soportar tal peso sobre nuestras conciencias, no obstante no dejo de soñar la posibilidad de posar mis ojos en ellos aunque quizás no vuelva a abrirlos nunca más.
Uno de los pasillos de los nuevos espacios del Archivo Secreto Vaticano encargado
por el papa Montini e inaugurado el 18 de octubre de 1980 por el pontífice Juan Pablo II.
El Archivo Secreto Vaticano
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