21 - Oliverio Girondo

Que los ruidos te perforen los dientes, como una lima de dentista, y la memoria se te llene de herrumbre, de olores descompuestos y de palabras rotas.
Que te crezca, en cada uno de los poros, una pata de araña; que sólo puedas alimentarte de barajas usadas y que el sueño te reduzca, como una aplanadora, al espesor de tu retrato.
Que al salir a la calle, hasta los faroles te corran a patadas; que un fanatismo irresistible te obligue a prosternarte ante los tachos de basura y que todos los habitantes de la ciudad te confundan con un meadero.
Que cuando quieras decir: "Mi amor", digas: "Pescado frito"; que tus manos intenten estrangularte a cada rato, y que en vez de tirar el cigarrillo, seas tú el que te arrojes en las salivaderas.
Que tu mujer te engañe hasta con los buzones; que al acostarse junto a ti, se metamorfosee en sanguijuela, y que después de parir un cuervo, alumbre una llave inglesa.
Que tu familia se divierta en deformarte el esqueleto, para que los espejos, al mirarte, se suiciden de repugnancia; que tu único entretenimiento consista en instalarte en la sala de espera de los dentistas, disfrazado de cocodrilo, y que te enamores, tan locamente, de una caja de hierro, que no puedas dejar, ni un solo instante, de lamerle la cerradura.


Oliverio Girondo

Sin luz

Estoy apagado, mi alma, envuelta en las tinieblas del silencio, muere deseosa por expresarse, grita pero no se escucha.
Las ideas no llegan a materializarse en letras, estoy vacío, seco. Es horrible. Miles de angustias invaden mi ser, tengo ganas pero no fuerzas, ansias de escribir sin inspiración, nada sale.

Para mal de males, Proust ha vencido, no he sido capaz de superarlo, demasiado fuerte, denso, varios meses en su compañía y al final he depuesto las armas. La experiencia: cuando no desees, cuando odies, cuando rechaces; no luches, reconoce tu derrota. Serás libre.

Lleno de tensiones despido este año y comienzo el próximo. Debo hacer algo: cambiar de filosofía. Empezar a ver el mundo desde otra perspectiva, quizás de cabeza. No hacerlo podría traer el desastre, el caos. Ya he visto el preámbulo: noches de insomnio, cansancio, dolor, demonios que invaden mi privacidad e intentan llevarme a rincones oscuros, lejos de la luz.
Saldré, hallaré el camino, aún tengo fuerzas, poseo objetivos, cosas por las que luchar, personas que amar, ellas confían, yo creo en ellas. Es suficiente.

El grito

Un sonido seco me hizo abrir violentamente los ojos, por un instante no comprendí que sucedía, entonces volvió a repetirse. Era como el roce entre tablas, venía del portal. Alguien trataba de abrir la persiana que daba a la sala de la casa. De un salto me levanté, mire el reloj, eran las 4 y 20 de la mañana. De pronto ceso.

El silencio invadía todo, el perro dormía plácidamente en su alfombra. Eso me sobresaltó, como era posible que no hubiera escuchado, él tan sensible a cualquier ruido hubiera corrido hacía la puerta en un instante, ladrando y despertando con su rugido a medio barrio, sin embargo ahí estaba, inmóvil y pasivo. Cuando pase a su lado me miró con ojos soñolientos y siguió echado. Era extraño.

Lentamente me dirigí a la sala. La luz proveniente del alumbrado público irradiaba sobre el portal. Me fije, bajo la puerta una sombra se desplazaba. Tenía la vaga esperanza de que fuera algún animal, un gato o un perro vagabundo. Tonto, los animales no mueven las persianas. Pensé salir, pero primero abriría la ventana, es mejor saber a que vamos a enfrentarnos. Buscando algo que me sirviera de arma, observe alrededor y di con el bate de béisbol, el mismo que estuvimos jugando Matías y yo en la tarde, y que por casualidad había dejado regado en la sala, lo agarre y me dirigí a la ventana.

Al llegar puse la mano en el cierre, dude un instante, con fuerza apreté el pomo, espere un momento para influirme del valor necesario para empujar hacía arriba y mirar al exterior. Me decidí. Tiré con fuerza.

La ventana se abrió de golpe. Un fuerte aire me dio en el rostro echándome los pelos para atrás, al instante mismo un grito horrible, profundo, indescriptible, inhumano, rompió con violencia la quietud de la noche. Ninguna garganta humana lo había proferido, era imposible, algo mucho más oscuro era la fuente de tanto espanto, algo que no llegue a vislumbrar, estaba paralizado. El pánico invadió todo mi ser, dejándome inmóvil, tenso, el cuerpo helado, los pelos erizados y el corazón latiendo tan aprisa que casi rompe mi pecho.

No recuerdo cuanto tiempo estuve así, sin fuerzas para cerrar la ventana pude observar fuera, no había nada, solo el vacío, el silencio.

120 años de aventuras detectivescas

A su lado recorrí las neblinosas calles londinenses, me sumergí en oscuros pasillos, ande por fabulosos castillos y palacios. Junto a su monumental sombra, seguí las pistas de inescrupulosos asesinos y astutos ladrones. También escuchaba absorto, envuelto en bruma de opio y tabaco provenientes de su inconfundible pipa, su mágica música que brotaba del Stradivarius con maestría envidiable. En silencio pretendía adelantarme a su sagaz inteligencia para hallar al culpable ¡Que ingenuo! Holmes era insuperable.

He leído casi todos sus historias, si me ha quedado alguna es porque no la conozco o por no haber tenido acceso a ella. Recuerdo que la última que enriqueció mi espíritu detectivesco fue "El regreso de Sherlock Holmes, La aventura de la casa vacía", con afán la busque en Internet y la leí en la PC, único relato largo que he podido concluir en este tipo de hechura.

Este viernes, casi concluyendo diciembre, el más grande detective de la historia de la literatura cumple 120 años de aventuras. El ingenioso Conan Doyle publicó por vez primera en 1859, en la revista "Beeton's Christmas Annual", un relato que jamás imaginó llegará a poblar los sueños de tantas personas alrededor del mundo: "Estudio en escarlata". Así nació este hombre, emergió de la literatura para materializarse y ser la inspiración de todo un mundo de escritores.

Aún sueño con el héroe, sus libros, tesoro incalculable que por nada del mundo me desharía de ellos, tienen un lugar privilegiado en mi modesto librero. Tomar alguno, en esas noches de desvelo, cuando el tiempo parece detenerse, es enrolarse en las más entretenidas y arriesgadas aventuras, para hacer volar las horas y borrar la soledad.

La noche

Temo a la noche. En esas oscuras horas un malestar invade mi interior, poblando mi ser de incertidumbres, angustias y miedos. Recelo de la muerte, tan presente desde que nos iniciamos en este universo, es una de mis constantes pesadillas. Apenas duermo, casi no existo. Sin embargo, cuando el venerado sol oculta su luz tras el horizonte, mi alma grita y arde en deseos de expresarse, quizás el silencio, la soledad guarnecida tras el velo de las tinieblas, hace remover mi espíritu para sacar todas las ansias de comunicación reprimidas durante el día.

Extraña sensación. Vivir temiendo a los demonios desligados de sus ataduras infernales que pueblan nuestras vidas con sus horribles juegos llenos de macabras intenciones y estar creando, pululando de ganas por plasmar aunque sea un pedazo de toda esa amalgama de sentimientos que pujan por salir.

Vivir la noche de esa manera es un reto, es un no existir agazapado tras el manto de la literatura que se levanta cada mañana cuando la oscura magia termina.

Mascarón

Mascarón de proaAutor: Yo
Año: 2007

Espacio abandonado

Varios días hace que no dedico un pequeño espacio de tiempo a este lugar, abandonado como naufrago en desierta isla tengo a este blog. La eterna lucha por vivir mejor hace que nuestro corto tiempo libre lo dedique a trabajar, a buscar el "imperioso" dinero, entonces sucede que no poseo ningún tiempo libre. Extraña situación.

Vivimos en un mundo dominado por objetos innecesarios que resultan casi vitales en la sociedad actual. Estos artefactos se vuelven "necesarios", los buscamos por todas las vías posibles, obtenerlos se vuelve obsesión. Deliramos por vivir un poco más cómodos, quizás más felices, tal vez más despreocupados. Todo es un engaño.

No recuerdo quien decía que al pasar por un mercado se reía de hallar infinidad de objetos que no necesitaba. Indiscutible verdad. Puedo parecer soñador pero si nos detenemos un segundo para analizar este hecho, no pasará mucho tiempo sin que percibamos la realidad. Observemos a nuestro alrededor, y con posición critica, busquemos las cosas que realmente nos son capitales. ¿Cuántas hallaremos? Muy pocas.

Ah, pero desprenderse del lastre, echar por la borda esas materias innecesarias, es lo difícil y quizás lo imposible. Eduardo Galeano, en uno de sus maravillosos escritos, narra —espero acordarme con exactitud— la celebración anual de unos indígenas canadienses, quienes llevaban a cabo una curiosa competencia. Los nativos se ubicaban al borde de un precipicio y comenzaban a arrojar al vacío sus objetos personales, todo lo que tuvieran de valor, ganaba quien fuera capaz de arrojarlo todo, de quedarse absolutamente en cueros, este ser, al quedar desligado de toda atadura terrenal, física, material, era considerado superior.

Cuanta milenaria sabiduría hay encerrada en esos pueblos, aprender de ellos siempre ha sido premisa en mi vida, pero soy débil, la vorágine que rige nuestras vidas a logrado hasta el momento vencerme. No he dejado de luchar, me he propuesto vivir no como Diógenes, eso me es imposible —aunque no dejo de soñar con ello—, al menos lo más austero posible, pero no lo he conseguido. ¿Qué me ha faltado? Voluntad, coraje, fuerza, resolución. ¿Qué hacer? ¿Seguir intentándolo? Esas preguntas aún continúan sin respuesta dentro de mí, lo que más anhelo es hallarle respuesta. Cuando lo haga seré más feliz, más humano y tal vez estaré solo.

¡Oh Capitán, mi capitán! - Walt Whitman

¡Oh, capitán!, ¡mi capitán!, nuestro terrible viaje ha terminado,
el barco ha sobrevivido a todos los escollos,
hemos ganado el premio que anhelábamos,
el puerto está cerca, oigo las campanas, el pueblo entero regocijado,
mientras sus ojos siguen firme la quilla, la audaz y soberbia nave.
Mas, ¡oh corazón!, ¡corazón!, ¡corazón!
¡oh rojas gotas que caen,
allí donde mi capitán yace, frío y muerto!

¡Oh, capitán!, ¡mi capitán!, levántate y escucha las campanas,
levántate, por ti se ha izado la bandera, por ti vibra el clarín,
para ti ramilletes y guirnaldas con cintas,
para ti multitudes en las playas,
por ti clama la muchedumbre, a ti se vuelven los rostros ansiosos:
¡Ven, capitán! ¡Querido padre!
¡Que mi brazo pase por debajo de tu cabeza!
Debe ser un sueño que yazcas sobre el puente,
derribado, frío y muerto.

Mi capitán no contesta, sus labios están pálidos y no se mueven,
mi padre no siente mi brazo, no tiene pulso ni voluntad,
la nave, sana y salva, ha anclado, su viaje ha concluido,
de vuelta de su espantoso viaje, la victoriosa nave entra en el puerto.
¡Oh playas, alegraos! ¡Sonad campanas!
Mas yo, con tristes pasos,
recorro el puente donde mi capitán yace,
frío y muerto.


Walt Whitman

La necesaria poesía

"La poesía es una necesidad para quien la escribe o la lee", escucho a Gelman decir estas palabras y pienso cuanta verdad hay implícita en tan pocas letras. Jamás me he adentrado en el inmenso mar de la poesía, temo naufragar en sus aguas. Quizás una noche o una mañana, desate las ataduras, leve anclas y cual valiente navegante, abandone el seguro refugio de la inactividad poética. Sueño con eso, hoy no me atrevo. Hoy busco consuelo en su lectura, todos los días, en algún instante, como bien dijo Gelman, necesito leer o escuchar un poema. La poesía me da vida, fuerzas, me excita, me hace soñar, sentir placer, no sé, es tanta la energía vital que brota de un poema que mi alma embriagada se regocija y, contagia mi cuerpo con su excitación. Anhelo poder expresarme con ella, utilizarla como artilugio para sacar todo mi ser interior, no poder hacerlo es frustrante y muy triste.

Renace el mito de "El Dorado"

"...En aquella laguna de Guatavita se hacía una gran balsa de juncos, y aderezábanla lo más vistoso que podían… A este tiempo estaba toda la laguna coronada de indios y encendida por toda la circunferencia, los indios e indias todos coronados de oro, plumas y chagualas… Desnudaban al heredero (...) y lo untaban con una liga pegajosa, y rociaban todo con oro en polvo, de manera que iba todo cubierto de ese metal. Metíanlo en la balsa, en la cual iba parado, y a los pies le ponían un gran montón de oro y esmeraldas para que ofreciese a su dios. Entraban con él en la barca cuatro caciques, los más principales, aderezados de plumería, coronas, brazaletes, chagualas y orejeras de oro, y también desnudos… Hacía el indio dorado su ofrecimiento echando todo el oro y esmeraldas que llevaba a los pies en medio de la laguna, seguíanse luego los demás caciques que le acompañaban. Concluida la ceremonia batían las banderas... Y partiendo la balsa a la tierra comenzaban la grita... Con corros de bailes y danzas a su modo. Con la cual ceremonia quedaba reconocido el nuevo electo por señor y príncipe."

El extracto anterior pertenece a la leyenda más difundida de nuestro continente: la legendaria ciudad de El Dorado. Su origen se remonta a 1636, cuando Juan Rodríguez Freyle, cronista de la Conquista y del Descubrimiento del Nuevo Reino de Granada, escribe a su amigo Don Juan, gobernante de Guatavita, una carta donde narraba el ritual que encabeza este post.

Múltiples expediciones partieron desde aquel entonces en busca de este mítico lugar, miles de muertes, de conquistadores y nativos, oscurecen el brillo del precioso metal, ansias de poder que jamás se vieron saciadas, traen la desaparición de pueblos enteros e incluso de culturas ancestrales, y todo por el innecesario placer de contemplar un metal brillante.

Al paso de los años esta leyenda fue quedando en el olvido y hasta podría decirse que ha muerto, sin embargo no es así. La fabulosa ciudad de El Dorado ha sido encontrada. Escondida en lo más recóndito de la selva amazónica, a 3.600 metros sobre el nivel del mar, se halla el centro arqueológico La Joya, ciudad fundada por la cultura chachapoya, y protegida hasta nuestros días por los nativos.

Este impresionante lugar esta rodeado de grandes vetas de oro, conformado por cientos de edificaciones, en un área de diez hectáreas, es comparable por su monumentalidad a Machu Picchu.

Pero esta maravilla de la historia peruana corre un grave peligro, los saqueadores, buscadores de oro, que en nada se diferencian de aquellos primeros codiciosos aventureros, están destruyendo la historia con sus viles actos. Desde su fundación, los nativos de buen corazón han protegido con celo su patrimonio pero sus fuerzas ya no son suficientes para salvaguardar esta joya.

La comunidad nativa decidió pedir ayuda a la historiadora Maritza Villavicencio y al arqueólogo Wilmer Mondragón con la esperanza de que ellos puedan intervenir ante las autoridades para poner fin a los infames eventos.

Así es como este fabuloso lugar ha salido a la luz pública, y sin pretenderlo una leyenda renació, un mito vuelve a invadir las mentes y los corazones de millones de seres humanos. Espero en esta ocasión que seamos suficientemente cuerdos e inteligentes para amar la quimera, soñar la fábula y no traer el caos sobre la creación divina.

Fito a tope en la Habana

Fito Páez
Fito inaugura en la Habana el Festival del nuevo Cine Latinoamericano, siento pesar por no haber podido asistir a ese evento, la entrada por invitación, me dejo solo la opción de verlo en TV.

Fabuloso como siempre, interpretó muchos de sus grandes temas, entre ellos Un vestido y un amor, Tumbas de la gloria, sin faltar Yo vengo a ofrecer mi corazón, ese himno majestuoso que hace estremecer a todo latinoamericano de corazón, también hubo otras como Dar es dar, Cable a tierra o Mariposa technicolor, esta última, la oigo mientras escribo y siento deseos de saltar y vivir a tope.

La música de Fito me hace sentir de manera especial, no pasa el día, en que algún instante tararee alguna de sus canciones. Las letras, la música, la energía que manan cual fuente inagotable de ese cantautor, provocan en mi espíritu un estado placentero difícil de describir.

Fito es único, ha marcado a una generación con su talento, el mismo le fluye por los poros como sabia inagotable. Solo espero con ansias verlo pronto en concierto abierto, tal y como prometió en conferencia de prensa. Hace mucho tiempo vengo esperando algo así, ese día me contagiaré, como muchos otros, de su energía inagotable, de su música exquisita, de textos inteligentes que nos hacen pensar y a la vez sentir.

Mariposa technicolor

Todas las mañanas que viví
todas las calles donde me escondí
el encantamiento de un amor
el sacrificio de mis madres
los zapatos de charol
los domingos en el club
salvo que cristo sigue allí en la cruz
las columnas de la catedral y la tribuna
grita gol el lunes por la capital

Todos giran y giran
todos bajo el sol
se proyecta la vida
Mariposa technicolor
cada vez que me miras
cada sensación
se proyecta la vida
Mariposa technicolor

Vi sus caras de resignación
los vi felices llenos de dolor
ellas cocinaban el arroz
se levantaba sus principios
de sutil emperador

Todo al fin se sucedió
solo que el tiempo no los esperó
la melancolia de morir en este mundo
y de vivir sin una estupida razón

Yo te conozco de antes
desde antes del ayer
yo te conozco de antes
cuando me fui
no me alejé
llevo la voz cantante
llevo la luz del tren
llevo un destino errante
llevo tus marcas en mi piel
y hoy solo te vuelvo a ver


Dumas transita por los siglos

Alejandro DumasHe pensado durante todo el día publicar algo en este espacio sobre Alejandro Dumas (padre), no por capricho o por haber concluido alguna de sus magnificas novelas, sino porque este 5 de diciembre se cumple un aniversario más de su muerte.

Dumas para mi significa mucho, crecí leyendo El Conde de Montecristi, Los Tres mosqueteros, Veinte años después y alguna que otra más de sus novelas. Ellas me descubrieron un mundo de aventuras exquisito, me enseñaron apreciar la lealtad, conocer el amor, admirar la valentía, valorar el compañerismo, y también me instruyeron sobre el odio, el rencor y la maldad, sentimientos estos últimos, ligados al mundo actual, que entenderlos me han ayudado a cuidarme de ellos.

No pretendo afirmar que las obras de Dumas sean un tratado sobre el buen vivir, pero si creo que todos los niños y jóvenes deberían transitar por sus páginas en busca de sabiduría. La amistad entre Athos, Porthos, Aramis y D'Artagnan es tan hermosa e indestructible, que encierra un mensaje que trasciende su época.

A mis años cada vez que paso por una librería busco con afán a este autor, comprar el libro, si la suerte me acompaña, y comenzar a leerlo es una misma cosa. No siento vergüenza exponerme, en algún transporte público, frente a todos, con un libro encuadernado para jóvenes, el placer es tan grande que me enajeno por completo del mundo, además, incautos aquellos mortales que ríen al sentirse intelectualmente superiores, la sabiduría está en las cosas más simples.

Dumas no tiene edad, tampoco época, Dumas vuela sobre los siglos con la frescura del amanecer y la erudición de las rocas.

Sombras

SombrasAutor: Yo
Año: 2007