El mal

Recorremos el largo sendero de la vida analizando y juzgando el mundo desde nuestra óptica, emitimos juicios apoyados en la experiencia que trae el vivir, también un poco en la cultura alcanzada por el estudio de las ciencias sociales y sobre todo en los valores humanos en que fuimos educados.

Siempre esperamos recibir, o quizás deba hablar en singular pues en este álgido punto es difícil generalizar (hay personas que viven “desengañadas”), lo mismo que damos. Cuando no sucede de esa manera nos sentimos mal, traicionados, escépticos de la sociedad y tristes, muy tristes, cercanos a la depresión, llenos de dudas nos preguntamos ¿Cuál es el camino a seguir para no morir aplastados por la avalancha de egoísmo que devasta al mundo?

Cada vez que una persona actúa de forma equivocada trato por todos los medios de encontrar una explicación a su comportamiento, pienso que detrás de su proceder hay una razón de peso, motivos que justifiquen sus actos a su conciencia. Por eso necesitaba escribir, volcar todo mi malestar sobre el papel para no explotar de incertidumbre y dudas, llenarme de esperanzas, creer que aún tenemos salvación y que el egoísmo ese motor impulsor del odio se romperá. ¿Por qué seremos tan imperfectos, materialistas y mezquinos? ¿Dónde está el placer en forjar el mal?

Ningún ser pensante, inteligente, en su sano juicio puede descansar tranquilo sabiéndose ejecutor de vilezas. Reniego de la existencia de la mala voluntad por placer. Quizás la ingenuidad o el anhelo de una sociedad mejor me hace ocultar la existencia de estos seres malignos que sienten goce al dañar a otro persona.

Pero olvido una verdad, nuestro creador nos forjo del barro, una arcilla llena de impurezas que se cae a pedazos al solo tocarlas por el lado débil, ese que tratamos de proteger y cubrimos de una coraza de fuego por temor a desaparecer. La clave no está en cuidarla como piensan muchos, sino tener el tino de agacharse y recoger un barro más puro, semejante al de la porcelana, y rellenar ese hueco dejado por las malas acciones con una arcilla transparente, traslúcida. De esa manera nos alzaremos más brillantes y sólidos que antes, siendo mejores personas, cercanas a la perfección, no material sino espiritual.

Algo así quiso decir Jesús cuando ofreció la otra mejilla, nos enseño a levantarnos del polvo iluminados por un aura luminosa, exponiendo al mundo la grandeza del perdón.

2 comentarios:

SirenaVarada dijo...

"La vida es desierto y oasis. Nos derriba, nos lastima, nos enseña, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia. Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa: Tú puedes aportar una estrofa. No dejes nunca de soñar, porque en sueños es libre el hombre. No caigas en el peor de los errores: el silencio."
Walt Whitman

Escribe, Dante, llénate de esperanzas y piensa que sí hay salvación.

Soledad Sánchez M. dijo...

Hola Dante:

Yo soy optimista por naturaleza. Pero no ingenua. Sé que hay maldad, y hombres malos, y malas acciones. Pero sé también que son muchos los hombres y mujeres que buscamos cada día barro nuevo para nuestra alma. A veces lo encontramos, y a veces no. Cuando vivo, cada día, no planeo construír una catedral, me concentro en hacer bien el ladrillo que me han encomendado.
La grandeza de la obra de Dios, es la libertad que nos ha dado, y cada quien será responsable de lo que haga con ella.
Me ha gustado tu blog.
Pasaré a visitarte.

Un abrazo.


Soledad.