Muere el padre del LSD

Albert Hofmann investigaba en su laboratorio farmacéutico del Instituto Sandoz en 1943 un compuesto alcaloide del tizón del centeno cuando accidentalmente una gota del mismo cayó sobre su mano. De inmediato comenzó a sentir extrañas sensaciones, sus sentidos se obnubilaron, visiones sobrenaturales se apoderaron de él para poblar su mente con sentimientos de felicidad y paz. Vuelve a su casa en bicicleta, volando a gran velocidad por las calles, todo a su alrededor está como detenido, encerrado en un espejo. El tiempo ha parado su indetenible marcha. Tres días después repite a conciencia el experimento con iguales resultados, había descubierto las propiedades psicodélicas del ácido lisérgico, más conocida como LSD. Hofmann se ha asomado al mundo de las sustancias alucinógenas.

Durante años el LSD se empleó como medicamento en psiquiatría y neurología y se comercializo en forma de comprimidos producidos industrialmente por la firma Sandoz. Llegan los años 60, el mundo está envuelto en una revolución espiritual que camina hacía un cambio radical de la sociedad en manos del movimiento Hippie quienes ven en esta droga una vía rápida que les guíe por los intrincados senderos de la expresión interna. Es la sustancia de culto para miles de artistas e intelectuales estadounidenses, los mismos que estaban luchando por acabar con la guerra de Vietnam e implantar una sociedad de igualdad basada en la paz y el amor. Eso no convenía a las clases poderosas por lo que prohíben el LSD en 1968.

Albert Hofmann, un genio en la química murió este martes en su domicilio de Burg, Suiza a los 102 años de edad. Hasta el momento de su desaparición tenía las esperanzas puestas en que el LSD volviera a investigarse con fines psiquiátricos y quizás como un instrumento para acercase a un universo oculto.