La decisión sobre el fin voluntario de nuestra existencia es una facultad que responde solo al ansia personal de abandonar este mundo, nadie excepto Dios tiene la potestad para cambiar ese derecho inalienable de los seres humanos. Este pensamiento me acompaña desde la tierna infancia donde fue forjada mi alma en los más altos valores humanos, despejándome de nieblas el camino hacia la verdadera justicia, esa misma que le perdona la vida hasta el más desalmado criminal.
No estoy bajo ningún concepto a favor de la pena de muerte, creo que existen sobrados medios para sancionar a un ser que haya cometido un delito, la prisión por ejemplo es un proceder bastante poderoso para castigar a todos los que infligen la ley, ese conjunto de normas dictadas por la sociedad del buen vivir. Por eso no entiendo y no lo haré jamás cómo es posible que se cometan actos de barbarie en países que consideramos desarrollados e incluso admirados. Me explico:
China ese maravilloso país asiático acaba de ejecutar a dos personas por el delito de robo de bancos. Ren Xiaofeng, de 34 años de edad, y Ma Xiangjing, de 37 fueron condenados a muerte en agosto pasado por hurtar 6.4 millones de dólares de una sucursal bancaría en la ciudad de Handan en el norte del país. Sanción cruel y desalmada mucho más cuando conocemos que lo hicieron para jugar a la lotería nacional, la cual esperaban ganar para ¡reponer el dinero! y quedarse con los beneficios.
El acto delictivo en sí es infantil, esos seres no pensaron en hacer daño a nadie y menos al estado, entonces ¿cómo es posible que se tome una medida tan drástica contra ellos? Comprendo las culturas de cualquier país, llegó en muchas ocasiones hasta admirarlas, aunque disten mucho de las mías, eso también me lo enseñaron de pequeño, pero todo tiene un límite, no estamos en la Edad Media cuando la vida humana valía lo mismo que la de un perro, con perdón de esos bellos y adorables animales. Corre el siglo XXI, las sociedades “desarrolladas” han aprendido a respetar al semejante, muchos siglos de injusticias y dolor deben servir para sensibilizar las almas de los líderes, los mismos en quienes hemos puesto la confianza de nuestra seguridad. ¿Será el momento de comenzar a dudar?
No quiero seguir emitiendo juicios sobre una zona geográfica y cultural que me es tan ajena, podría cometer el error de equivocarme, aunque convencido estoy que este acto no tiene justificación. Como ya expuse existen sobrados castigos, no físicos sino morales, para disuadir los malos procederes y mantener el orden en este mundo que cada día avanza hacía su propia destrucción.
Respeto a la vida
Etiquetas: Reflexión
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