Paisaje nocturno I

Paisaje nocturno IAutor: Yo
Año: 2008

De regreso

Qué difícil es materializar un deseo, una idea o simplemente un sueño. Existen multitud de factores que conspiran en nuestra contra para que ese simple anhelo que llena nuestro ser se desvanezca como pompa de jabón en el viento. He pasado una semana fantástica, mejor que como la esperaba. Mi cuerpo está relajado, he recuperado unas cuantas horas de sueño en las cuales me he trasladado a mundos idílicos y absurdos, ayudado por el inconsciente que trae ese estado, no he leído en una semana y tampoco escrito, a excepción de un incomprensible (incluso para mí) galimatías surgido entre el humo del tabaco y la alteración mental que provoca el alcohol a altas horas de la noche.

No pensaba que esta semana de vacaciones fuera así, en el post anterior volcaba, y ahora lo veo claro, demasiadas ilusiones para el lugar donde iba el cual en realidad superó mis expectativas en cuanto a comodidades aunque el servicio dejaba mucho que desear. Pero en ese punto soy flexible ya que procuro que el medio exterior, ese que es dominado por los imperfectos humanos, influya bien poco en mi estado mental.

Mis aspiraciones de escribir se vieron esfumadas por un detalle que sobreestime, tan diminuto como lo puede ser mi hija de cinco años, repleta de energías, con ganas de verlo todo y hacer mucho más, estar todo el día en el agua (ya sea en una piscina o en el mar) y por supuesto pidiendo que yo la acompañara siempre, lo que me dejaba al final del día completamente agotado pero feliz. Hacía mucho tiempo que no pasaba tantas horas seguidas a su lado, esa sensación vale más que cualquier idea o ganas de escribir. Ya buscaré otra oportunidad para hacerlo, habrán más, lo irrecuperable es el tiempo que pasamos alejados de los seres que amamos, ese período de existencia no volvemos a vivirlo nunca, sobre todo si es tiempo perdido junto a nuestra descendencia que crece tan rápido y después, después ya no es igual.

Próximo descanso

Pensaba dejar esta entrada para mañana pero como el destino es impredecible y quizás se desvanezca la oportunidad de acercarme por estos lares he decidido adelantarme y publicar hoy lo que planeaba para mañana. El desespero es una característica que no he podido arrancarme por mucho que me esfuerce.

El lunes salgo de vacaciones, una semana alejado del ajetreo diario es algo tan necesario como respirar, nuestros cuerpos al igual que las maquinas necesitan del descanso periódico sino terminan por romperse.

Estaré en un hotel al este de la ciudad (de las columnas), como fue bautizada por ese grande de la literatura cubana Alejo Carpentier, donde las olas rozan las habitaciones impregnándolas del olor a sal proveniente de la mar oceana. No sé cómo será en realidad, pero tampoco me importa, el simple hecho de huir de la monotonía diaria es suficiente para que este radiante de felicidad, tener horas para relajarme, dormir, soñar, leer y por supuesto escribir. Grandes expectativas que espero se cumplan, aunque también estoy un poco escéptico, he visto desmoronarse como castillos de arena muchas ilusiones en esta tierra soleada un poco olvidada por Dios.

La tranquilidad impulsa la creación, eso lo he comprobado en carne propia, así que si no puedo relajarme, ni dormir, ni soñar, ni leer y tampoco escribir al menos me llenaré de energías y absorberé todo a mí alrededor. Cuantas historias no se ocultan en un hotel, tan variadas que un mozo con talento podría en un día recopilar tantas que llenaría su fardo para toda una vida de producción

En fin ya veré como sale todo, experiencias similares han hecho que atesore varios cuadernos repletos de las más variadas crónicas que puedan imaginarse, a lo mejor algún día decido desempolvarlas. Por el momento tendré la osadía o quizás el absurdo de pasar todo lo que surja de mi cansada mente a este lugar. Mientras tanto en paz descanse (durante una semana).

El mar de la Literatura

Arribo al post 200 de letras e ideas, han pasado nueve meses desde que decidí comenzar a verter ideas, sueños y esperanzas sobre la jungla digital que pienso es internet y aseguro que jamás imagine llegar a tantas entradas y mucho menos tan rápido, cosas de la vida te sientas a escribir y no tienes como parar aunque confieso que tampoco pretendo detenerme. Los pocos asiduos que de una manera u otra caen por este perdido rincón habrán notado una variedad de temas que incluye fotografías y poemas periódicos, para ser exactos intento adornar con ellos semanalmente las entradas, buscando la variedad tan necesaria para no aburrir al lector e influir de frescor la bitácora. Pues bien, quiso el destino que el post 200 coincidiera con el poema semanal lo que atribuyo a fuerzas desconocidas que resaltan el carácter literario del espacio, al menos quiero pensarlo así ya que me proporciona un inmenso regocijo y una sana vanidad.

No he tenido que pensar mucho para decidirme a publicar un poema de un genio de la lengua que por estos días anda enfrascado en un nuevo poemario a sus ochenta y tantos años, algo digno de admiración y que demuestra que los grandes escritores jamás pueden dejar de expresarse. Mario Benedetti, bardo uruguayo que si tengo la desdicha de caer en una isla desierta quisiera llevarme conmigo todos sus libros, es el elegido no podría ser otro, gracias a su prosa conocí la grandeza de la literatura, navegue por mares de sueños y naufrague para quedarme por siempre en las playas mágicas donde la poesía se encuentra en cada granito de arena.

Botella al mar

                 El mar un azar
Vicente Huidobro
Pongo estos seis versos en mi botella al mar
con el secreto designio de que algún día
llegue a una playa casi desierta
y un niño la encuentre y la destape
y en lugar de versos extraiga piedritas
y socorros y alertas y caracoles.


Mario Benedetti

"No pronuncies mi nombre"

Bajo este título se está saldando una vieja deuda para con un poeta, un revolucionario, un hombre de ilusiones y sueños, Roque Dalton. El segundo tomo de su Poesía Completa ha sido lanzado en El Salvador, tierra natal del bardo, por la Dirección de Publicaciones e Impresos de ese país en continuación a un compromiso moral que empezó a materializarse en el 2005 con la salida a la venta del primer tomo de su obra y que debe culminar en un futuro próximo con la tercera parte, tal y como planificó Dalton durante su estadía en La Habana en 1973.

Dalton temía que su obra desapareciera en las nieblas del tiempo y comenzó a organizar sus textos para agruparlos en tres tomos, lo que se está cumpliendo hasta el momento, respetando el orden propuesto por él. Al final del volumen se recogen imágenes inéditas del escritor acompañado de su familia, amigos y colegas lo que viene a engrandecer este ejemplar digno de figurar en la biblioteca del más exigente de los amantes de la poesía.

La vida del poeta estuvo colmada de heroísmo y valentía, sufrió el agobio de la cárcel, escapándose de ella gracias a un terremoto que debilitó los barrotes de su encierro. Tuvo que exiliarse a México, Checoslovaquia y por último a Cuba, de ahí regresa a su patria y es asesinado por sus propios compañeros de lucha de la guerrilla “Ejército Revolucionario del Pueblo” que más tarde paso a ser el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional de El Salvador, bajo la acusación de ser espía de la CIA y de la Inteligencia cubana (que gran contradicción), posteriormente fue desmentida esta vil inculpación.

Yo guardo con cariño una selección de sus poemas editados por Casa de las Américas que cada vez que tengo un pequeño tiempo hojeo para disfrutar de su exquisita prosa. Hay un poema que prefiero por sobre todos y quiero adornar este espacio con él, un regalo para todos aquellos que aman la poesía revolucionaria.

Y sin embargo, amor

Y sin embargo, amor, a través de las lágrimas,
yo sabía que al fin iba a quedarme
desnudo en la ribera de la risa.

Aquí,
hoy,
digo:
siempre recordaré tu desnudez en mis manos,
tu olor a disfrutada madera de sándalo
clavada junto al sol de la mañana;
tu risa de muchacha,
o de arroyo,
o de pájaro;
tus manos largas y amantes
como un lirio traidor a sus antiguos colores;
tu voz,
tus ojos,
lo de abarcable en ti que entre mis pasos
pensaba sostener con las palabras.

Pero ya no habrá tiempo de llorar.

Ha terminado
la hora de la ceniza para mi corazón.

Hace frío sin ti,
pero se vive.


Roque Dalton

Razón de ser

¡Un fin de semana sin escribir! Una eternidad alejado de mi espíritu, he sentido que me faltaba el aire, cuan necesarios se vuelven estos pequeños espacios íntimos y a la vez públicos en los que tantas personas se expresan. La cifra se eleva a varios millones de blogs alrededor del mundo, rozando temas tan variados como personalidades poseemos los seres humanos, bueno y los no humanos también, en algunas ocasiones me he tropezado con bitácoras dedicadas a mascotas. ¿Serán tecleadas por ellas? Todo es posible en este universo virtual en donde asumimos naturalezas añoradas con la insensatez de volcar las ideas que jamás tendríamos el valor de exponer en público.

No pienso que la cantidad de blogs se deba a una necesidad imperiosa de escribir, al menos no en la mayoría, si fuera así los cuadernos y bolígrafos hubieran vividos agotados en las librerías en la era pre-internet y el mundo estuviera cubiertos de libros que encerrarían millones de historias, casi tantas como almas vivimos en este planeta. La proliferación de estos se debe al oculto y casi nunca confesado placer de ser leídos, a saborear el instante en que recibes un correo informándote de que alguna persona dejó un comentario en una entrada reciente, en esos momentos el corazón late deprisa y rezas callado por que sea favorable la opinión que te espera al final del post.

Yo escribo por las dos razones, no lo voy a negar, sería estúpido si lo hiciera pues me estaría engañando. Amo la literatura desde que tengo uso de razón, escribir siempre fue una necesidad en mi vida aunque lo hacía con menos frecuencia en el pasado. No porque sabía que los cuadernos que llenaba terminaban cubiertos de polvo en un rincón del viejo librero que me acompaña desde niño sino porque aún no había alcanzado el nivel de conciencia necesario para darme cuenta de lo importante que es expresarse, no por los demás sino por ti mismo, por la relajación que produce el crear vida de la nada, es como jugar a ser Dios. Fabricar un mundo con seres que siempre te van a acompañar, que nunca traicionaran y vivirán junto a ti hasta el momento en que desaparezcas.

Alcona

Ayer visitaba una hacienda en las afueras de la ciudad, un lugar paradisiaco convertido en espacio para la recreación con toda la parafernalia que eso implica: restaurants, bar, música y la especialidad de la casa, algo un poco extraño para un ente citadino: la cría de gallos de pelea. Los fines de semana se realizan riñas con esos animales en un espacio conocido como el coliseo, en alusión al tristemente célebre estadio romano, donde tantas almas fueron a encontrarse con su creador. Para aquellos defensores de la vida animal —entre los que me incluyo— que piensan horrores de esta práctica puedo decir que los combates no resultan peligrosos para las aves, puesto que sus espuelas están cubiertas con una especie de funda precisamente para evitar herirlos. Pero por desgracia esto no se realiza por razones humanitarias sino porque el precio de los gallos haciende a la increíble suma de ¡3000 dólares el ejemplar! Ahora bien si un ser que podremos calificar como “humano” desea realizar un combate tradicional (a muerte) debe abonar esa cantidad, es decir, comprar el ejemplar y al ser su dueño puede decidir su suerte. En fin que la práctica sigue siendo igual de grotesca que en la antigua Roma, donde los dueños de esclavos decidían sobre su destino, aunque calmada un poco por la elevada suma de los gladiadores, fenómeno que agradecen estas bellas aves.

Este pequeño inconveniente no atenta contra la belleza natural del lugar. La finca Alcona, tal y como fue bautizada hace muchos años, está enclavada en un valle donde la vista se pierde entre pastizales que parecen no tener fin, a lo lejos azuladas montañas interrumpen la estela verde de hierbas mecidas al viento. Rodeando la casa principal de la hacienda encontramos infinidad de árboles frutales donde están presentes jugosos frutos tropicales, vagar a su sombra recolectándolos es un placer exquisito para las manos que se cubren de fresca resina e impregnan nuestros poros de una fragancia paradisiaca. Pero nada comparable con el dulce sabor que se experimentan en las glándulas salivares al llevarnos el fruto a la boca, una explosión de sensaciones olvidadas, al menos para mí que nací y pase una parte de la infancia en un lugar parecido, vienen a invadir nuestros sentidos. Todo esto vino a completar el absoluto relajamiento espiritual y físico de mí ser cuando me aleje del grupo con el que fui hasta aquel sitio y deje que mis pies tomaran el camino que más deseaban y recorrí a mis anchas todo cuanto me fue posible. Que inmenso placer sentir el olor de los árboles, la frescura que proporciona el viento, la irregularidad de la tierra bajo los pies y sobre todo la tranquilidad, el silencio del monte que te induce a deambular sin fin dejando que el pensamiento fluya y las miles de ideas aprisionadas por la barrera del estrés rompan sus cadenas y salgan a compartir esos momentos de felicidad.

Hubiera dado lo que no tengo por permanecer todo el día en aquel sitio, alejado del hollín y del bullicio citadino, sumergido en pleno gozo de mi cuerpo y mente, olvidándome por un rato quién soy y a que me dedico, soñando historias que jamás verán la luz y con personas inmateriales, pero el tiempo es indetenible y los placeres ponen alas en sus pies como el divino Hermes. Quisiera mudar mi habitáculo hacía aquellos espacios abiertos aunque eso implicará dejar detrás muchas cosas logradas, valdría la pena estoy seguro pero es imposible al menos en los días actuales. He sacado una moraleja —como en los cuentos infantiles — de todo esto, me he encontrado conmigo y he sabido que si quiero realizar mis sueños debo buscar espacios así, lugares de ensueños y tranquilidad, así podré cursar una invitación a las musas para que me visiten. ¿Aceptarán?

Maria

MariaAutor: Westerly Oscuridad
Año: 2008

Iacobus

IacobusUn best seller sin grandes logros literarios aunque cargado de precisos datos históricos es esta entrega de la escritora española Matilde Asensi que hace pocas horas he terminado de disfrutar. La obra, como todo buen best seller, te atrapa desde la primera página para trasladarte hasta el siglo XIV, apenas un año después de la disolución de la Orden de los Caballeros Templarios por el Papa Clemente V y el implacable rey de Francia Felipe IV, que ha pasado a la historia como Felipe el hermoso.

El libro tiene como protagonista a un monje de la orden militar de los hospitalarios, Galcerán de Born, una especie de detective o como es nombrado en el volumen el Perquisitore. Este personaje me recuerda a fray Guillermo de Baskerville, el inolvidable héroe de El Nombre de la Rosa de Umberto Eco, pero como se imaginarán muy alejado de la maestría con que fue logrado el mismo.

Pues bien, Galcerán es enviado por el Papa Juan XXII a investigar la muerte de su antecesor y del rey francés acaecida pocos meses después de la ejecución del gran maestre templario Jacques de Molay en la hoguera, quién maldijo a estos señores a morir en menos de un año, profecía que fue cumplida. A partir de estos momentos comienzan a desarrollarse una serie de acontecimientos que provocan que tus manos queden adheridas al libro hasta su completa lectura.

Nueva entrega del Gabo

Aunque muchos medios de prensa estén dando la noticia no quería dejar pasar por alto el fabuloso anuncio realizado por Darío Arizmedia, director de noticias de radio Caracol (emisora colombiana) y amigo personal de Gabriel García Márquez sobre el hecho de que el Premio Nobel de Literatura está dando los toques finales a una nueva novela.

Se trata de una obra romántica de unas 250 páginas y de la cual el “Gabo”, como muchos le llaman, escribió cinco borradores, uno detrás de otro, hasta lograrse satisfecho y decidirse a publicarla entre agosto y septiembre próximo. El titulo es aún un secreto.

El Gabo es un escritor, un maestro de la literatura que persigo con frenesí, en esta ocasión seguiré con ansías todo lo relacionado a esta, su última entrega, por nada del mundo dejaré de adquirirla en cuanto se materialice en las librerías de esta pérdida isla.

Estrofas para música - Lord Byron

No digo - No esbozo - No respiro vuestro nombre,
Hay pesar en el sonido - habría culpa en la fama;
Pero la lágrima que ahora arde en mi mejilla puede dar cuenta
Del profundo pensamiento que habita en ese silencio del corazón.

Demasiado cortas para nuestra pasión, demasiado largas para nuestra paz,
Fueron aquellas horas, ¿puede cesar su alegría o su amargura?
Nos arrepentimos - abjuramos - deseamos romper nuestra cadena;
Debemos separarnos - debemos volar a - unirla otra vez.

¡Oh! Vuestra sea la alegría y mía sea la culpa,
Perdonadme adorada - abandonadme si lo deseáis;
Pero el corazón que porto expirará sin haber sido rebajado,
Y los hombres no lo quebraran - sea lo que sea que podáis vos.

Y firme ante el altivo, pero humilde ante vos,
Habrá de ser mi alma en su más amarga oscuridad;
Y nuestros días han de ser más rápidos - y nuestros momentos más dulces,
Con vos a mi lado - que con el mundo a nuestros pies.

Una visión de vuestro dolor - una imagen de vuestro amor,
Habrá de cambiarme o confirmarme, de castigar o reprobar;
Y los sin corazón podrán maravillarse de tanto a lo que renunciamos,
Vuestro labio no habrá de responder a ellos - sino al mío.


Lord Byron

Inconcluso V

Cierto es lo que pregonan los ancianos sobre sus preferencias por la tranquilidad y la rutina en contra de lo novedoso e inestable. Esa edad prefiere regirse por costumbres fijadas hace mucho tiempo que les hace sentirse seguros y quizás felices. La juventud en cambio, salvo algunas excepciones, es de espíritus rebeldes, siempre buscando el cambio y el movimiento en sus vidas. Yo no escapo a esa ley divina, asombrado me quedo al analizar mi vida actual y maravillarme por el comportamiento que estoy siguiendo y que propicio a mi alrededor. Siempre fui muy rebelde, amante de lo imposible, buscando cambios a cada momento, practicante de deportes extremos que significaban todo para mi vida. Soñaba con recorrer el mundo por lugares inhóspitos, no detenerme mucho tiempo en ningún lugar pues el planeta es muy extenso para recorrerlo en una sola existencia. Sin embargo aquí estoy, convertido en todo lo contrario a lo que siempre desee, pero eso no es lo más extraño sino el hecho de que me siento a gusto con ello. Busco las fórmulas más inverosímiles para crearme una vida rutinaria, unas costumbres o quizás manías que repito cada día y cuando algo atenta contra ellas siento malestar, un raro estado físico que no logro explicar bien. Esos cambios, que conozco son muy necesarios para no colmar la vida de aburrimiento, los disfruto muchísimo pero en el fondo anhelo el momento en que volveré nuevamente a mi anterior estado de “inacción”. Aunque no es precisamente inactividad es otro tipo de acción, no aquella que trae aparejada grandes movimientos físicos como días de farra o expediciones por remotos lugares sino una actividad más intelectual, digamos creativa donde el verdadero quehacer se realiza en el mundo interno, imaginando a cada instante situaciones increíbles para darle forma y volcarla sobre el papel. Pienso me estaré volviendo viejo, un poco prematuramente es verdad pero consciente de mi estado, feliz por mi decisión de tomar la vida desde otra óptica. Añoro los años en que pensaba de otra manera pero lo recuerdo con la alegría del amor conseguido. El futuro se dibuja prometedor.

El misterio de la Sigaba

SigabaHoy traigo una curiosa historia sobre la Segunda Guerra Mundial, ese período histórico que tanto fascina mi espíritu, sentimiento que como exprese en una ocasión debo a mi padre, un fanático de este acontecer de la historia de la humanidad del pasado siglo.

Lo que deseo narrar sucedió a comienzos de febrero de 1945, casi al final de la guerra, en Colmar una ciudad del noroeste de Francia. Los aliados en su incontenible empuje hacía la victoria tenían bajo su mando gran parte de Europa, los nazis por su parte estaban haciendo lo imposible sino por cambiar el rumbo de los acontecimientos al menos por retrasarlos. Para nadie es nuevo que la forma más eficaz de tomar ventaja en una contienda es conocer los planes del enemigo, pero esto es sumamente difícil debido a que cada bando protege con sumo cuidado sus secretos.

La criptografía, esa ciencia encargada de enmascarar la comunicación de modo que solo resulte inteligible para la persona que posee la clave, jugaba un papel preponderante en la contienda. De todos es conocida la historia de la fabulosa Enigma, máquina de cifrado rotario utilizada por los alemanes en sus mensajes y que tan hábilmente fue descubierta por los británicos, permitiendo según la opinión de algunos historiadores, adelantar el final de la guerra en un año.

Como plantee anteriormente este hecho es bastante conocido, incluso existe una película sobre el tema, sin embargo menos conocida es la historia de su homóloga norteamericana la Sigaba. Se cuenta que esta máquina estaba sumamente protegida por el ejercito norteamericano, bajo férreas medidas de seguridad que incluían tres poderosas cajas fuertes, una para custodiar la máquina en sí, otra para sus rotores y la tercera para las listas de claves, a esto se le sumaba una continua vigilancia de guardias armados que a su vez eran los encargados de transportarla en camión a donde era necesario su uso.

Las medidas de seguridad estaban rígidamente redactadas y bajo ninguna circunstancias podían violarse, pero el ser humano es débil y más en tiempos de guerra cuando la lejanía del hogar y la familia hacen a los hombres débiles. Para intentar calmar un poco la angustia que provoca la distancia los soldados a cargo de la custodia de la Sigaba, una noche hicieron un alto en un burdel para aliviar sus espíritus y sus cuerpos de la ansiedad que provoca la guerra. Al salir del recinto quedan sorprendidos al no encontrar por ningún sitio el camión y menos aún su preciada carga.

Rápidamente el pánico invadió al alto mando estadounidense, al que no escapó ni el propio presidente norteamericano Eisenhower. Colmar acababa de ser liberada del yugo fascista y el frente estaba lo suficientemente cerca como para tomar muy en serio el robo por parte de agentes alemanes. Con el material hurtado —máquina, rotores y lista de claves—, el enemigo podría descifrar con facilidad cualquier mensaje, tanto los pasados como los futuros. Los primeros eran los más delicados pues contenían toda la estrategia de los aliados, líneas de suministros, logística y miles de datos valiosísimos. Esta información era muy necesaria para los alemanes que veían el inminente peligro que se cernía sobre su territorio.

Comenzó entonces una incansable búsqueda del camión y su preciado cargamento, se designo al coronel David G. Erskine, oficial de la contrainteligencia del 6º Grupo de Ejércitos para que dirigiera la búsqueda. Agentes y espías fueron despachados por toda la región con órdenes de hallar la perdida máquina bajo cualquier circunstancia, se llegó incluso a recompensar al soldado que diera una pista válida con el licenciamiento y su concebida vuelta a casa con todos los honores. Aviones sobrevolaban a baja altura en busca del camión y se revisaba los vehículos en los cruces de caminos pero la Sigaba seguía sin aparecer.

Para finales de febrero se creó un equipo especial de agentes de la contrainteligencia americana y francesa con la misión de encontrar la maquina a toda costa, al mando pusieron al teniente Grant Heilman. A los pocos días de pesquisas una fuente francesa informa que semienterrados en el barro del río Giessen se habían divisado unos objetos metálicos, que resultaron ser dos de las cajas fuertes, una correspondiente a los rotores y la otra a la lista de claves. Aún faltaba la caja de la Sigaba. Todo indicaba que ambas fueron arrojadas desde un puente cercano a las aguas del río. Heilman manda venir buzos pero estos no encuentran nada, entonces ordena construir una presa para drenar el río y mediante buldóceres remover todo su fondo. Todo fue inútil. En el colmo del desespero el teniente penetra en el fango y se pone a buscar como un demente por todos lados, finalmente su suerte cambia y sus manos tropiezan con un objeto contundente que resultó ser la tercera caja fuerte. La angustia había terminado después de casi seis semanas de intensa búsqueda.

Pero, ¿qué había sucedido? Como casi siempre sucede en la vida común —y en la guerra no debe ser diferente—, la respuesta era muy sencilla. Un chofer militar francés perdió su camión en Colmar y al pasar frente al mencionado burdel observa que hay uno parqueado fuera y sin vigilancia. Ignorante de su contenido decide tomarlo prestado y así evitar reprimendas por parte de sus superiores. Cuál no sería su sorpresa al darse cuenta de su contenido. Lleno de pánico arroja las cajas fuertes al río con la esperanza que todo pase sin mayores consecuencias.

De esta manera tan poco hollywoodense, sin espías alemanes, ni conspiración para robar secretos aliados altamente protegidos pero llena de sentimientos humanos, concluye este curioso pasaje de la historia de la Segunda Guerra Mundial.