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Bolívar a punto de develar su mayor secreto

Una gran duda histórica está presta a descorrer el velo misterioso de su envoltura, en su interior se oculta un secreto con el poder de cambiar el curso de la historia. Con tecnología de punta, Venezuela, por orden de su carismático presidente Hugo Chávez, se dispone a indagar en la muerte del prócer latinoamericano Simón Bolívar.

Ocurrida en 1830 a los 47 años, por causa de la tuberculosis, según la versión oficial, su deceso ha sido objeto de preguntas. Muchos eruditos y por supuesto curiosos, se han cuestionado si este gran hombre fue envenenado. Enemigos tenía por doquier que se beneficiarían con su ocaso, amigos también pero estos lo amaban, supongo no desearían su muerte. Lo cierto es que su desvanecimiento trajo consigo la desintegración de la Gran Colombia y junto a ella la desaparición de su sueño, ver a una América unida, formando una sola nación.

Al abrirse una investigación sobre su deceso tenemos la posibilidad de ver aclaradas muchas incógnitas, entre ellas la relacionada con sus restos, actualmente en el Panteón Nacional de Venezuela, de los cuales existe la incertidumbre que sean verdaderos. Así, concurren dos grandes desafíos, por un lado reconocer sus restos mortales y por otro determinar las verdaderas causas de su muerte, en caso confirmarse su identidad.

Cualquier desenlace en estas pesquisas creo que surgirá un gran revuelo, mucho mayor en el caso de envenenamiento, pues comenzaría una carrera para determinar quien o quiénes fueron los autores y por ende las consecuencias históricas de sus acciones.

Imagino la satisfacción que deben sentir los comprometidos en las indagaciones, tener en sus manos un fruto histórico de esa magnitud es algo envidiable para cualquier amante de la historia. Los espectadores de los hechos, ansiosos, esperaremos los resultados, ojala y sea pronto.

¿Se ha descubierto el misterio de la Mona Lisa?

Mona LisaEl arte de la pintura es silencioso, oculto, individual, rodeado de magia, por lo tanto incógnito. Por mucho que indaguemos jamás conoceremos la musa que dio vida a una obra, nunca penetraremos en el alma del artista, eso es terreno vedado, personal, solo nos queda que el virtuoso nos dé una pista, un dato sobre su creación.

Algo así ha sucedido con Leonardo Da Vinci y su famosa Mona Lisa. Su secreta identidad ha intrigado a muchas generaciones de críticos y especialistas, se dice que fue una amante del genio, su madre e incluso un autorretrato. Todas las teorías ruedan por el suelo, ninguna es lo suficientemente sólida para mantenerse en pie y derribar la original: Lisa Gherardini, esposa de un rico mercader florentino, Francesco del Giocondo.

Ahora, historiadores alemanes vuelven a indagar en la famosa imagen y creen haber resuelto el misterio oculto tras su enigmática sonrisa. Antiguos documentos, un libro fechado en 1503, con notas al margen de un funcionario florentino, Agostino Vespucci, conocido del artista, hallado en una colección de cartas del orador romano Cicerón, revelan que Lisa Gherardini es la modelo, el hada que iluminó a Leonardo. Los comentarios comparan a Da Vinci con el antiguo artista griego Apelles, y dicen que en ese momento estaba trabajando en tres pinturas, una de ellas un retrato de Lisa del Giocondo.

Teoría bastante sólida, consistente con la original pero los que soñamos despiertos, los amantes del secreto, seguimos suspirando por algo más, no nos rendimos, vislumbramos a un Leonardo disfrazando sus creaciones para ocultar una inviolable verdad.

Renace el mito de "El Dorado"

"...En aquella laguna de Guatavita se hacía una gran balsa de juncos, y aderezábanla lo más vistoso que podían… A este tiempo estaba toda la laguna coronada de indios y encendida por toda la circunferencia, los indios e indias todos coronados de oro, plumas y chagualas… Desnudaban al heredero (...) y lo untaban con una liga pegajosa, y rociaban todo con oro en polvo, de manera que iba todo cubierto de ese metal. Metíanlo en la balsa, en la cual iba parado, y a los pies le ponían un gran montón de oro y esmeraldas para que ofreciese a su dios. Entraban con él en la barca cuatro caciques, los más principales, aderezados de plumería, coronas, brazaletes, chagualas y orejeras de oro, y también desnudos… Hacía el indio dorado su ofrecimiento echando todo el oro y esmeraldas que llevaba a los pies en medio de la laguna, seguíanse luego los demás caciques que le acompañaban. Concluida la ceremonia batían las banderas... Y partiendo la balsa a la tierra comenzaban la grita... Con corros de bailes y danzas a su modo. Con la cual ceremonia quedaba reconocido el nuevo electo por señor y príncipe."

El extracto anterior pertenece a la leyenda más difundida de nuestro continente: la legendaria ciudad de El Dorado. Su origen se remonta a 1636, cuando Juan Rodríguez Freyle, cronista de la Conquista y del Descubrimiento del Nuevo Reino de Granada, escribe a su amigo Don Juan, gobernante de Guatavita, una carta donde narraba el ritual que encabeza este post.

Múltiples expediciones partieron desde aquel entonces en busca de este mítico lugar, miles de muertes, de conquistadores y nativos, oscurecen el brillo del precioso metal, ansias de poder que jamás se vieron saciadas, traen la desaparición de pueblos enteros e incluso de culturas ancestrales, y todo por el innecesario placer de contemplar un metal brillante.

Al paso de los años esta leyenda fue quedando en el olvido y hasta podría decirse que ha muerto, sin embargo no es así. La fabulosa ciudad de El Dorado ha sido encontrada. Escondida en lo más recóndito de la selva amazónica, a 3.600 metros sobre el nivel del mar, se halla el centro arqueológico La Joya, ciudad fundada por la cultura chachapoya, y protegida hasta nuestros días por los nativos.

Este impresionante lugar esta rodeado de grandes vetas de oro, conformado por cientos de edificaciones, en un área de diez hectáreas, es comparable por su monumentalidad a Machu Picchu.

Pero esta maravilla de la historia peruana corre un grave peligro, los saqueadores, buscadores de oro, que en nada se diferencian de aquellos primeros codiciosos aventureros, están destruyendo la historia con sus viles actos. Desde su fundación, los nativos de buen corazón han protegido con celo su patrimonio pero sus fuerzas ya no son suficientes para salvaguardar esta joya.

La comunidad nativa decidió pedir ayuda a la historiadora Maritza Villavicencio y al arqueólogo Wilmer Mondragón con la esperanza de que ellos puedan intervenir ante las autoridades para poner fin a los infames eventos.

Así es como este fabuloso lugar ha salido a la luz pública, y sin pretenderlo una leyenda renació, un mito vuelve a invadir las mentes y los corazones de millones de seres humanos. Espero en esta ocasión que seamos suficientemente cuerdos e inteligentes para amar la quimera, soñar la fábula y no traer el caos sobre la creación divina.

La enigmática piedra brasileña

En septiembre de 1872 el entonces presidente del Instituto Histórico y Geográfico de Brasil, el Marqués de Sapucahy, recibió por correo un sobre proveniente de un tal Don Joaquín Alves da Costa, hacendado residente en Paraíba, localidad del este Brasileño.

La misiva contenía una hoja de papel cubierta de misteriosos signos que ocupaban unas 8 líneas. Junto a la incomprensible inscripción venía una carta donde se explicaba el origen de la misma...

El señor da Costa narraba como unos criados suyos, mientras acarreaban unas piedras, descubrieron una maciza loza, fracturada en cuatro partes y cubierta de extrañas inscripciones. Enseguida ordenó que la llevarán a su casa y mandó llamar a un hijo suyo, letrado y educado en un centro docente para aristócratas, para que copiara las inscripciones suponiendo que eran importantes.

Don Joaquín, concluía la carta, expresando el deseo de recibir algún día al prestigioso erudito para conversar sobre el hallazgo.

El marqués, una persona mayor por aquellos años y neófito en asuntos lingüísticos, no supo identificar si se trataba de una escritura cuneiforme o jeroglífica. Por lo tanto, le dio la tarea de resolver el enigma a Ladislao Netto, un inmaduro científico que nada tenía que ver con la rama de las lenguas antiguas. El joven, comprometido con el anciano y poseedor del entusiasmo de los años mozos, se entregó con entusiasmo a la obra.

Después de algunos tropiezos iniciales llegó a la conclusión de que las inscripciones estaban realizadas en fenicio. Con ahínco se dio a la tarea de aprender esa lengua muerta. Paralelamente a esta labor, se propuso localizar el paradero del dadivoso latifundista, que hiciera tan importante donación a la ciencia, y cuya hacienda nombrada Pouso Alto esperaba encontrar. Aquí comenzaron los problemas...

Por aquel entonces, en Brasil abundaban los lugares designados con ese nombre. Por más que Netto preguntó a campesinos, entrevistó a terratenientes, indagó con funcionarios provinciales; nadie, ni siquiera los agentes del orden público habían oído mencionar al susodicho hacendado y mucho menos su enigmática loza.

Con el paso de los meses, comenzó a expandirse el rumor del descubrimiento hasta llegar a oídos del emperador Pedro II, monarca brasileño con ínfulas de rey ilustrado. Por orden suya, una copia de la inscripción acompañada de una descripción del hallazgo fue enviada a Ernesto Renan, especialista en religiones antiguas.

Renan, filósofo francés de renombre mundial se negó a descifrar la inscripción alegando que se trataba de: "¡Una falsificación falta de originalidad!". El testarudo emperador, no convencido con la respuesta del francés, ordenó a Netto que continuará las investigaciones.

Durante varios años, este tenaz joven trabajó sin descanso para descifrar la arcana frase fenicia grabada en la roca. ¡Todos sus intentos fueron en vano! En carta dirigida al Monarca, reconoce su impotencia... y da la razón a Renan. La Piedra de Paraíba cayó en el olvido.

Un siglo después, la prensa occidental, sedienta de noticias sensacionalistas y a la caza de mitos y leyendas, desempolvó la historia. Este fue el momento donde entró en juego un carismático filólogo norteamericano nombrado Cyrus Gordon. Experto en antiguos textos y máximo defensor de la autenticidad de la Piedra. Gordon dio a conocer que poseía una "copia fiel" de la misma, obtenida de una fuente "digna de toda confianza". ¿?

A finales de 1966, Gordon sacó a la luz una traducción de la inscripción, donde quedaba claro que ¡los fenicios habían visitado la América 2500 años antes de Colón! Su versión rezaba lo siguiente:

"Somos hijos de la tribu de Hanaan de Sidón, ciudad real. El mar nos lanzó a nosotros, marinos mercaderes, a la lejana costa de este país montañoso. Nos hicimos a la mar consagrando nuestra juventud y glorificando a nuestros Dioses y Diosas, en el año noveno del reinado de nuestro monarca Hiram. Zarpamos nuestros diez barcos del puerto Ezion Gaber situado en el Mar Rojo. Durante dos años enteros navegamos hacia el extremo sur de las tierras de Ham (África), pero la mano del Dios Baal dividió con una fuerte tormenta las naves y perdimos a nuestros compañeros de viaje. De este modo nosotros, 12 hombres y 3 mujeres, tocamos en estas costas. Nos asombran muchas cosas que vemos aquí. Rogamos la bendición de los grandes Dioses y Diosas..."
Menudo revuelo se armó en el mundo científico. Varios eruditos, fiándose de la autoridad de Gordon, se propusieron comprobar la traducción. Como resultado brotaron muchas incongruencias a las cuales el experto no supo dar respuesta. Su prestigio comenzó a tambalearse.

En 1971 Gordon formuló una nueva hipótesis, que rechazaba por completo su anterior traducción. En esta ocasión, el sabio estadounidense, afirmaba que la Piedra Brasileña, contenía un criptograma fenicio compuesto de dos claves: la primera oculta la fecha del trágico viaje al Nuevo Mundo y la segunda es una oración implorando a los dioses la salvación. A pesar de las muchas interrogantes que planteaba este nuevo problema, este investigador se negó a publicar esta nueva traducción, limitando así que otros especialistas pudieran comprobar sus palabras.

Hasta los días actuales este misterio sigue en pie. Muchas preguntas siguen sin respuesta. Preguntas tan simples como las realizadas por la periodista norteamericana Barbara Ford:
  • ¿Por qué el marqués de Sapucahy recibió la carta por correo y no por un recadero como era la costumbre de la época?
  • ¿Por qué el señor da Costa nunca llegó a entrevistar con el marqués?
  • ¿Por qué después de la primera misiva tan cortes de éste nunca volvió a aparecer?
  • ¿Por qué en el sobre de la carta había una dirección del remitente tan vaga?
Y lo más interesante:
  • ¿Por qué durante cien años ningún especialista ha podido ver el original?
Alguien tendrá respuestas a estas interrogantes o es que… la Piedra Brasileña jamás existió...