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Hoy desaparezco las fechas de esta bitácora, ya no será más la guía del capitán ni la raya en la humedad pared del cautivo, quiero romper mis esquemas, otorgar anarquismo literario donde existía orden estricto, emancipar las palabras para que sean libres de la servidumbre que les he impuesto, los títulos estarán cuando ellas decidan no vivir huérfanas. Esta era la idea original de este espacio y no recuerdo el momento en que decidí a poner las cosas de forma tan “tradicional”, soñaba con colocar las ideas como aparecieran, sin orden, en pleno caos pero cargadas de sentimientos tal y como nacían. Hoy me desperté rebelde, dispuesto a cambiar el rumbo de los sueños

Dejo los archivos y las etiquetas para que sirvan de faro en la oscura noche del navegante

Noche de tormenta

Siento predilección por la lluvia, es una sensación antiquísima y grata que provoca en mis sentidos una agradable melancólica que justo comienza en el instante que escucho las gotas golpear el tejado o cuando llegan al suelo y se mezclan con sus predecesoras en una explosión de vida y frescor.

Esta noche la naturaleza ha decido bendecir mi espíritu y desde que el sol abandonó el hemisferio donde flota está abandonada isla comenzó a verter su más preciado maná sobre la ciudad que me ha tocado habitar. Siempre procuro mojar mis manos sobre esa agua, de ella siento un estremecimiento vivificador que inmediatamente transmite energía a todo mi ser. A partir de ese momento se que podré realizar cualquier labor intelectual en el mayor de los gozos, es increíble como se transforma mi estado de ánimo. Aunque nada es comparable a la tormenta del campo, allí la naturaleza está en todo su esplendor, es donde más claro se manifiesta y donde mejor he sentido su poder. Pero no siempre fue agradable.

Hace varios años estaba realizando un viaje de placer por el centro de la isla, una especie de treking o caminata que practicaba con frecuencia en esa época. Pasaba varios días (a veces semanas enteras) en alguna zona montañosa, viviendo pleno con la naturaleza, dormía a la intemperie o si tenía suerte en alguna gruta que encontrara en mi camino. Una tarde, recién llegado a la montaña, salgo en busca de una cascada que conocía de viajes anteriores y que esperaba llegar a ella antes que anocheciera para así poder acomodar mis huesos en una gruta ubicada cerca de su base. A medio camino de la cascada comenzó a llover, al principio apenas se notaba ya que los arboles son muy tupidos e impiden que las primeras gotas toquen el suelo, así que no me preocupe mucho. Yo iba con dos amigos, amantes de la naturaleza como yo, y decidimos apresurar el paso ya que las nubes cubrían el sol y la noche llegaría más temprano. Esa tarde la naturaleza nos ofreció una pequeña demostración de su poder, un preámbulo de lo que pasaríamos a la noche siguiente pero vayamos por parte.

La tormenta arrecio y la noche se nos vino encima sin darnos cuenta, sacamos unas linternas y entre resbalones que enfangaban nuestra ropa intentamos seguir el camino, regresar era impensable, además a ninguno nos paso por la cabeza semejante cosa, estábamos en aquel lugar por propia voluntad, conocíamos desde el principio a que nos enfrentábamos así que lo menos quebrantable era nuestra voluntad. Recuerdo incluso que hasta íbamos bromeando, riendo a carcajadas cada vez que nuestros cuerpos iban al suelo, la risa es muy beneficiosa en casos así, ya que alienta el corazón y aleja del alma malos pensamientos. En una montaña nunca se está seguro, íbamos por un camino muy peligroso debido a su estrechez, por un lado se abría un abismo y por el otro una pared casi vertical, las plantas nos ayudaban a mantener malamente el equilibrio, así que entre bromas teníamos que estar muy atentos no fuera que nuestros huesos reposaran por siempre en el fondo de algún acantilado. Entre caídas y levantes llegamos con noche cerrada a la añorada cascada. Cuál no sería nuestra sorpresa al comprobar que el lugar parecía una zona de descanso para turismo, todos pero todos los rincones donde podríamos quedarnos con tranquilidad estaban ocupados. Seguía lloviendo a chorros por lo que decidimos regresar unos pasos o mejor descender hasta el final de la cascada donde conocíamos de un rincón que tal vez hubiera permanecido a salvo de invasiones. Menos mal que fue así. Lo mejor de todo fue que la lluvia decidió otorgarnos la gracia de su ausencia por el resto de la noche.

Al amanecer nos dispusimos acomodar nuestro campamento. Hicimos una fogata con gran trabajo ya que la leña estaba húmeda pero al final nació un fuego vivificador. Las hamacas sobre las que descansábamos en la noche las colocamos bajo arboles resistentes y encima de ellas colgamos unos nailon para cubrirnos de la lluvia, ingenuos mortales pensábamos que eso iba a protegernos de la fuerza de nuestra madre naturaleza. No pienso extenderme mucho más solo aclarar que el campamento se hallaba al otro lado del río según nuestro punto de entrada y salida, es decir, que si el río crecía quedábamos atrapados en la vertiente opuesta, salir por ese lado implicaba escalar la ladera de la montaña de noche y bajo una lluvia torrencial no le creo muy fácil.

Nuevamente la noche y con ella la lluvia, empezó sobre las siete de la tarde y se manifestó con toda intensidad, yo esperaba mantenerme seco esa noche, así que me apretuje en la hamaca y me cubrí con una manta, por encima me protegían los arboles (pero de esa protección ya hable) y el nailon colocado a dos aguas y sujeto con fuertes cuerdas para evitar que el viento se lo llevara. Enseguida me quedé dormido. Calculo que estuve en los brazos de Morfeo alrededor de una hora, me despierta el frio, nacía en mi espalda e iba subiendo poco a poco a todo lo ancho del cuerpo. Medio dormido aún pienso que se trata de la humedad del suelo y me envuelvo más en la manta, al instante el frio se traslada hacía el costado y entonces caigo en la cuenta de que algo estaba mal. Saco una mano para palpar la hamaca y mi sorpresa fue indescriptible, todo mi improvisado lecho estaba inundado ¿pero cómo era posible? Sencillo, un error de cálculo. El nailon que debía protegerme era más corto que la hamaca y el agua estaba filtrándose por la parte superior e inferior de la misma, además al ser esta de un material impermeable no tenía por donde escaparse. Estaba durmiendo en una bañera a la intemperie. Me levante y vote el agua pero fue en vano, en menos de cinco minutos estaba repleta nuevamente. Mis compañeros no estaban mejor, empapados hasta los huesos me contemplaban mientras yo hacía vanos esfuerzos por mantener mi lecho libre de las aguas. La risa como la noche anterior acudió en nuestra ayuda. Pero el frio decidió “aguarnos” la velada y a los pocos minutos estábamos dando salticos para mantenernos calientes, ahí empezó lo peor.

Descolgamos los nailons y nos metimos bajo ellos, bien juntos para que el calor de nuestros cuerpos ayudara en algo. Recuerdo que pretendimos encender un cigarrillo pero el mechero estaba húmedo, lo acercamos en la boca y soplando al cabo de una hora logramos mediante en calor interno secar la piedra y provocar una chispa. La alegría fue inmensa. Es curioso como las pequeñas cosas, tan habituales en otros entornos que casi siempre pasan desapercibidas e incluso se hacen inconscientemente, alcanzan un valor espiritual de grandes calibres en situaciones extremas. Así pasamos la noche, sin pegar un ojo y con un frio horrible. Esa fue la peor noche que he pasado en mi vida pero curiosamente estaba feliz.

Al otro día buscamos refugio en casa de un campesino que vivía por los alrededores de la cascada, el cual habíamos conocido de viajes anteriores. Cuando estuvimos instalados en su bohío, enclavado en plena ladera montañosa fue como llegar al paraíso. No miento cuando digo que los días pasados allí han sido los más felices de mi vida espiritual, solo comparable con el nacimiento de mi hija. Quisiera explicar aquí todas las sensaciones vividas en esos lejanos días pero este post se ha extendido demasiado, el ambiente lluvioso ha puesto a volar mis dedos sobre el teclado y va siendo hora que le ponga freno.

Solo quiero narrar una pequeña anécdota vivida muy cerca del bohío donde fuimos a protegernos y que me ha marcado por siempre. Era aquel sitio una casa donde vendían víveres, muy parecida a la que habitábamos, y llegamos a ella para abastecer la despensa del campesino que tan amablemente nos había acogido. Era muy temprano en la mañana, como siempre la noche anterior fue de grandes aguas, el sol proyectaba sus rayos en la cima de las lomas. Una vez que solicitamos los alimentos pedí me dejaran llegarme a la parte posterior de la casa para realizar unas fotos. Lejos estaba de imaginar el esplendoroso paisaje que se abriría ante mis ojos. La casa estaba construida, como la anterior, en la ladera de la montaña pero daba para una especie de cañón cubierto de un manto de niebla que ocupaba toda su base, que a esa temprana hora permanecía aún en tinieblas, el sol iluminaba las alturas y una parte de la niebla, era un extraño fenómeno que daba la ilusión de encontrarnos sobre las nubes. Jamás he contemplado lugar más hermoso. Les dije a mis amigos que si los elfos, gnomos o duendes existían, debían estar en estos momentos paseándose por debajo de aquella niebla. No fui capaz de realizar la foto, temía romper con el hechizo de aquel mágico lugar.

Vago por calles sucias con la esperanza que una llovizna limpie mi alma y estos suelos inmundos sobre los que transito, el olor a humedad traerá fuerzas desde el más allá de las cuales nutrirme, espero mucho, poco, nada. Una salamandra casi transparente como mis dedos cruza el suelo delante mío, observo su rápido paso, adonde dirigirá sus ilusiones, quizás busca el ansiado refugio como yo busco el objeto de la vida. Me vuelvo existencialista y siempre odie este concepto, no sigo esto es pura banalidad…

Inconcluso VI

El vacío es igual al silencio, un espacio de nada con infinitas líneas por llenar en espera de ser nutridas por aquellas imágenes interiores, alimentadas de sueños a menudo irrealizables pero que forman los pilares sobre los que sustentan las mayores ilusiones humanas, un miedo indescriptible a quedar estático, desierto, insustancial como las almas de los escépticos que no creen en la materialización más allá de nuestra disipación, todo es mejor a imaginar verbos insípidos que describen la necedad de ideas en un desesperado intento por permanecer existente en un mundo que suponemos real pero que forma parte de la imaginación morbosa de algún desconocido… me eternizo por propia voluntad, no quiero llevar el pesado bulto de la inactividad cuando me personifique a orillas de Estigia y aguarde a Caronte, bajo mi lengua estará el óbolo que pague mi transporte al Hades y en las manos sostendré las letras que definieron mi existencia, solo espero que estén llenas de esencia vital para morar en la eternidad y no diluirme en las tinieblas del olvido…

De regreso

Qué difícil es materializar un deseo, una idea o simplemente un sueño. Existen multitud de factores que conspiran en nuestra contra para que ese simple anhelo que llena nuestro ser se desvanezca como pompa de jabón en el viento. He pasado una semana fantástica, mejor que como la esperaba. Mi cuerpo está relajado, he recuperado unas cuantas horas de sueño en las cuales me he trasladado a mundos idílicos y absurdos, ayudado por el inconsciente que trae ese estado, no he leído en una semana y tampoco escrito, a excepción de un incomprensible (incluso para mí) galimatías surgido entre el humo del tabaco y la alteración mental que provoca el alcohol a altas horas de la noche.

No pensaba que esta semana de vacaciones fuera así, en el post anterior volcaba, y ahora lo veo claro, demasiadas ilusiones para el lugar donde iba el cual en realidad superó mis expectativas en cuanto a comodidades aunque el servicio dejaba mucho que desear. Pero en ese punto soy flexible ya que procuro que el medio exterior, ese que es dominado por los imperfectos humanos, influya bien poco en mi estado mental.

Mis aspiraciones de escribir se vieron esfumadas por un detalle que sobreestime, tan diminuto como lo puede ser mi hija de cinco años, repleta de energías, con ganas de verlo todo y hacer mucho más, estar todo el día en el agua (ya sea en una piscina o en el mar) y por supuesto pidiendo que yo la acompañara siempre, lo que me dejaba al final del día completamente agotado pero feliz. Hacía mucho tiempo que no pasaba tantas horas seguidas a su lado, esa sensación vale más que cualquier idea o ganas de escribir. Ya buscaré otra oportunidad para hacerlo, habrán más, lo irrecuperable es el tiempo que pasamos alejados de los seres que amamos, ese período de existencia no volvemos a vivirlo nunca, sobre todo si es tiempo perdido junto a nuestra descendencia que crece tan rápido y después, después ya no es igual.

Próximo descanso

Pensaba dejar esta entrada para mañana pero como el destino es impredecible y quizás se desvanezca la oportunidad de acercarme por estos lares he decidido adelantarme y publicar hoy lo que planeaba para mañana. El desespero es una característica que no he podido arrancarme por mucho que me esfuerce.

El lunes salgo de vacaciones, una semana alejado del ajetreo diario es algo tan necesario como respirar, nuestros cuerpos al igual que las maquinas necesitan del descanso periódico sino terminan por romperse.

Estaré en un hotel al este de la ciudad (de las columnas), como fue bautizada por ese grande de la literatura cubana Alejo Carpentier, donde las olas rozan las habitaciones impregnándolas del olor a sal proveniente de la mar oceana. No sé cómo será en realidad, pero tampoco me importa, el simple hecho de huir de la monotonía diaria es suficiente para que este radiante de felicidad, tener horas para relajarme, dormir, soñar, leer y por supuesto escribir. Grandes expectativas que espero se cumplan, aunque también estoy un poco escéptico, he visto desmoronarse como castillos de arena muchas ilusiones en esta tierra soleada un poco olvidada por Dios.

La tranquilidad impulsa la creación, eso lo he comprobado en carne propia, así que si no puedo relajarme, ni dormir, ni soñar, ni leer y tampoco escribir al menos me llenaré de energías y absorberé todo a mí alrededor. Cuantas historias no se ocultan en un hotel, tan variadas que un mozo con talento podría en un día recopilar tantas que llenaría su fardo para toda una vida de producción

En fin ya veré como sale todo, experiencias similares han hecho que atesore varios cuadernos repletos de las más variadas crónicas que puedan imaginarse, a lo mejor algún día decido desempolvarlas. Por el momento tendré la osadía o quizás el absurdo de pasar todo lo que surja de mi cansada mente a este lugar. Mientras tanto en paz descanse (durante una semana).

El mar de la Literatura

Arribo al post 200 de letras e ideas, han pasado nueve meses desde que decidí comenzar a verter ideas, sueños y esperanzas sobre la jungla digital que pienso es internet y aseguro que jamás imagine llegar a tantas entradas y mucho menos tan rápido, cosas de la vida te sientas a escribir y no tienes como parar aunque confieso que tampoco pretendo detenerme. Los pocos asiduos que de una manera u otra caen por este perdido rincón habrán notado una variedad de temas que incluye fotografías y poemas periódicos, para ser exactos intento adornar con ellos semanalmente las entradas, buscando la variedad tan necesaria para no aburrir al lector e influir de frescor la bitácora. Pues bien, quiso el destino que el post 200 coincidiera con el poema semanal lo que atribuyo a fuerzas desconocidas que resaltan el carácter literario del espacio, al menos quiero pensarlo así ya que me proporciona un inmenso regocijo y una sana vanidad.

No he tenido que pensar mucho para decidirme a publicar un poema de un genio de la lengua que por estos días anda enfrascado en un nuevo poemario a sus ochenta y tantos años, algo digno de admiración y que demuestra que los grandes escritores jamás pueden dejar de expresarse. Mario Benedetti, bardo uruguayo que si tengo la desdicha de caer en una isla desierta quisiera llevarme conmigo todos sus libros, es el elegido no podría ser otro, gracias a su prosa conocí la grandeza de la literatura, navegue por mares de sueños y naufrague para quedarme por siempre en las playas mágicas donde la poesía se encuentra en cada granito de arena.

Botella al mar

                 El mar un azar
Vicente Huidobro
Pongo estos seis versos en mi botella al mar
con el secreto designio de que algún día
llegue a una playa casi desierta
y un niño la encuentre y la destape
y en lugar de versos extraiga piedritas
y socorros y alertas y caracoles.


Mario Benedetti

Razón de ser

¡Un fin de semana sin escribir! Una eternidad alejado de mi espíritu, he sentido que me faltaba el aire, cuan necesarios se vuelven estos pequeños espacios íntimos y a la vez públicos en los que tantas personas se expresan. La cifra se eleva a varios millones de blogs alrededor del mundo, rozando temas tan variados como personalidades poseemos los seres humanos, bueno y los no humanos también, en algunas ocasiones me he tropezado con bitácoras dedicadas a mascotas. ¿Serán tecleadas por ellas? Todo es posible en este universo virtual en donde asumimos naturalezas añoradas con la insensatez de volcar las ideas que jamás tendríamos el valor de exponer en público.

No pienso que la cantidad de blogs se deba a una necesidad imperiosa de escribir, al menos no en la mayoría, si fuera así los cuadernos y bolígrafos hubieran vividos agotados en las librerías en la era pre-internet y el mundo estuviera cubiertos de libros que encerrarían millones de historias, casi tantas como almas vivimos en este planeta. La proliferación de estos se debe al oculto y casi nunca confesado placer de ser leídos, a saborear el instante en que recibes un correo informándote de que alguna persona dejó un comentario en una entrada reciente, en esos momentos el corazón late deprisa y rezas callado por que sea favorable la opinión que te espera al final del post.

Yo escribo por las dos razones, no lo voy a negar, sería estúpido si lo hiciera pues me estaría engañando. Amo la literatura desde que tengo uso de razón, escribir siempre fue una necesidad en mi vida aunque lo hacía con menos frecuencia en el pasado. No porque sabía que los cuadernos que llenaba terminaban cubiertos de polvo en un rincón del viejo librero que me acompaña desde niño sino porque aún no había alcanzado el nivel de conciencia necesario para darme cuenta de lo importante que es expresarse, no por los demás sino por ti mismo, por la relajación que produce el crear vida de la nada, es como jugar a ser Dios. Fabricar un mundo con seres que siempre te van a acompañar, que nunca traicionaran y vivirán junto a ti hasta el momento en que desaparezcas.

Alcona

Ayer visitaba una hacienda en las afueras de la ciudad, un lugar paradisiaco convertido en espacio para la recreación con toda la parafernalia que eso implica: restaurants, bar, música y la especialidad de la casa, algo un poco extraño para un ente citadino: la cría de gallos de pelea. Los fines de semana se realizan riñas con esos animales en un espacio conocido como el coliseo, en alusión al tristemente célebre estadio romano, donde tantas almas fueron a encontrarse con su creador. Para aquellos defensores de la vida animal —entre los que me incluyo— que piensan horrores de esta práctica puedo decir que los combates no resultan peligrosos para las aves, puesto que sus espuelas están cubiertas con una especie de funda precisamente para evitar herirlos. Pero por desgracia esto no se realiza por razones humanitarias sino porque el precio de los gallos haciende a la increíble suma de ¡3000 dólares el ejemplar! Ahora bien si un ser que podremos calificar como “humano” desea realizar un combate tradicional (a muerte) debe abonar esa cantidad, es decir, comprar el ejemplar y al ser su dueño puede decidir su suerte. En fin que la práctica sigue siendo igual de grotesca que en la antigua Roma, donde los dueños de esclavos decidían sobre su destino, aunque calmada un poco por la elevada suma de los gladiadores, fenómeno que agradecen estas bellas aves.

Este pequeño inconveniente no atenta contra la belleza natural del lugar. La finca Alcona, tal y como fue bautizada hace muchos años, está enclavada en un valle donde la vista se pierde entre pastizales que parecen no tener fin, a lo lejos azuladas montañas interrumpen la estela verde de hierbas mecidas al viento. Rodeando la casa principal de la hacienda encontramos infinidad de árboles frutales donde están presentes jugosos frutos tropicales, vagar a su sombra recolectándolos es un placer exquisito para las manos que se cubren de fresca resina e impregnan nuestros poros de una fragancia paradisiaca. Pero nada comparable con el dulce sabor que se experimentan en las glándulas salivares al llevarnos el fruto a la boca, una explosión de sensaciones olvidadas, al menos para mí que nací y pase una parte de la infancia en un lugar parecido, vienen a invadir nuestros sentidos. Todo esto vino a completar el absoluto relajamiento espiritual y físico de mí ser cuando me aleje del grupo con el que fui hasta aquel sitio y deje que mis pies tomaran el camino que más deseaban y recorrí a mis anchas todo cuanto me fue posible. Que inmenso placer sentir el olor de los árboles, la frescura que proporciona el viento, la irregularidad de la tierra bajo los pies y sobre todo la tranquilidad, el silencio del monte que te induce a deambular sin fin dejando que el pensamiento fluya y las miles de ideas aprisionadas por la barrera del estrés rompan sus cadenas y salgan a compartir esos momentos de felicidad.

Hubiera dado lo que no tengo por permanecer todo el día en aquel sitio, alejado del hollín y del bullicio citadino, sumergido en pleno gozo de mi cuerpo y mente, olvidándome por un rato quién soy y a que me dedico, soñando historias que jamás verán la luz y con personas inmateriales, pero el tiempo es indetenible y los placeres ponen alas en sus pies como el divino Hermes. Quisiera mudar mi habitáculo hacía aquellos espacios abiertos aunque eso implicará dejar detrás muchas cosas logradas, valdría la pena estoy seguro pero es imposible al menos en los días actuales. He sacado una moraleja —como en los cuentos infantiles — de todo esto, me he encontrado conmigo y he sabido que si quiero realizar mis sueños debo buscar espacios así, lugares de ensueños y tranquilidad, así podré cursar una invitación a las musas para que me visiten. ¿Aceptarán?

Inconcluso V

Cierto es lo que pregonan los ancianos sobre sus preferencias por la tranquilidad y la rutina en contra de lo novedoso e inestable. Esa edad prefiere regirse por costumbres fijadas hace mucho tiempo que les hace sentirse seguros y quizás felices. La juventud en cambio, salvo algunas excepciones, es de espíritus rebeldes, siempre buscando el cambio y el movimiento en sus vidas. Yo no escapo a esa ley divina, asombrado me quedo al analizar mi vida actual y maravillarme por el comportamiento que estoy siguiendo y que propicio a mi alrededor. Siempre fui muy rebelde, amante de lo imposible, buscando cambios a cada momento, practicante de deportes extremos que significaban todo para mi vida. Soñaba con recorrer el mundo por lugares inhóspitos, no detenerme mucho tiempo en ningún lugar pues el planeta es muy extenso para recorrerlo en una sola existencia. Sin embargo aquí estoy, convertido en todo lo contrario a lo que siempre desee, pero eso no es lo más extraño sino el hecho de que me siento a gusto con ello. Busco las fórmulas más inverosímiles para crearme una vida rutinaria, unas costumbres o quizás manías que repito cada día y cuando algo atenta contra ellas siento malestar, un raro estado físico que no logro explicar bien. Esos cambios, que conozco son muy necesarios para no colmar la vida de aburrimiento, los disfruto muchísimo pero en el fondo anhelo el momento en que volveré nuevamente a mi anterior estado de “inacción”. Aunque no es precisamente inactividad es otro tipo de acción, no aquella que trae aparejada grandes movimientos físicos como días de farra o expediciones por remotos lugares sino una actividad más intelectual, digamos creativa donde el verdadero quehacer se realiza en el mundo interno, imaginando a cada instante situaciones increíbles para darle forma y volcarla sobre el papel. Pienso me estaré volviendo viejo, un poco prematuramente es verdad pero consciente de mi estado, feliz por mi decisión de tomar la vida desde otra óptica. Añoro los años en que pensaba de otra manera pero lo recuerdo con la alegría del amor conseguido. El futuro se dibuja prometedor.

Contradicciones

Me siento a escribir sin una idea fija, mis manos se mueven por el teclado sin un cerebro que las guíe, actúan como seres autómatas sin un programa detrás, es como esos mecanismos de relojería que solo necesitan cuerda para ejecutar su eterno movimiento. Eterno no, fugaz pues dependen de nuestra voluntad para seguir andando. Estoy siendo egoísta, escribo para mí en un espacio abierto, me comparo a un muralista alienado que se protege en las sombras de la noche y utiliza una vela para saciar sus deseos de creación. Estaré en mis cabales, no lo sé. El hecho de cuestionármelo demuestra que sí. Es triste. Supongo que la locura, al menos la voluntaria, te sumerge en un estado de felicidad único, inalcanzable para el resto del cuerdo mundo. De una cosa estoy completamente seguro y es que realizar esta faena cada vez que tengo un poquito de tiempo (por desgracia cada día es menor) me proporciona un gozo único, inalcanzable, vaya uso los mismos adjetivos que emplee para designar a la felicidad, bueno al fin y al cabo el estado es el mismo: sentirme dichoso, alegre, eufórico, que se yo viviendo como deberíamos hacerlo todos los seres humanos, realizándonos en las tareas que más adoramos. ¿Se imaginan un mundo regido por esas reglas?, donde cada quién haría lo que más quisiera, sería como la mítica utopía convertida en algo físico. ¿El mundo iría mejor o caminaríamos hacía una segura destrucción? Pienso que lo primero ya que el cataclismo se cierne sobre nuestras cabezas en esta caótica sociedad actual. Pues a avanzar hacía ese especie de anarquismo, que no sería tal ya que habría personas que lo conducirían pues les gusta disponer, pero lo harían por placer y no por interés monetario que es el motor impulsor en la actual sociedad y lo vuelvo a repetir causa, fuente, maná de todo mal. ¡A desterrar de nuestro interior el egoísmo, la avaricia, la maldad y a fomentar el amor, la risa (como apunta sirena varada en su Elogio de la risa) para que al abandonar este mundo lo hagamos llenos de felicidad, libres de toda atadura!

Inconcluso IV

Agotado y muy cerca de desfallecer se encuentra mi cuerpo, con unas pocas horas dormidas cuenta mi cerebro para mantenerse activo, las energías se acaban y las ansias de escribir aumentan a cada segundo. Ayer el mundo celebraba su día, quizás el último de su existencia pues esta entidad también está agotada y para él no hay un cercano descanso que lo vivifique y lo cubra de nuevas energías. Su esperanza está dentro de las voluntades humanas pero las buenas escasean cada día más. Que haremos cuando no quede ninguna. Nada, no estaremos. Hoy se le entregó el Premio Cervantes a Gelman en un día que según dicen murió Miguel y William aunque eso es mentira, aunque yo quiero creerlo pues así doy más impulso a mí agotado espíritu. Gelman, vuelvo a ti que posees una voluntad de oro, rebosante de gratitud pero sobre todo a prueba de olvido, tú que no arrinconas el pasado e intentas que el mundo tampoco lo haga y sientes el frescor del pasado en tú rostro a cada mañana… ¡Enhorabuena!

Tiempo

ChronosCuanto necesito de ti, eres el alimento vital de un alma intranquila, exigente de sí misma, a tu lado, las horas escasean, los minutos pasan a velocidades astronómicas y los segundos, esos no se ven.

En el último post comentaba algo de este enemigo mortal de aquellos seres que necesitan a toda costa expresarse, por lo general somos una raza que vive de otros menesteres y que únicamente se siente feliz cuando pueden sentarse a plasmar en letras el mundo interno que los atormenta. No conozco un solo escritor que se jactara de tener tiempo para no hacer nada, siempre maldiciendo la rapidez con que se mueven las manecillas del reloj, odiando al Dios Chronos por ser eficiente en su labor, por no bajar sus defensas y conceder una tregua. Cruel destino.

Precisamente el día que publicaba ese post me entretuve leyendo nilibreniocupado, una bitácora que sigo de cerca y cual no fue mi sorpresa al constatar que su autor tocaba el mismo tema. Después en otro sitio que mi memoria por ser tan "eficiente" no retuvo, vi que el protagonista era nuevamente este ser despiadado. ¿Existiría una conexión en esos momentos entre aquellos que deseamos exhibir al mundo nuestro monstruo interno? Quizás.

Hay tantas cosas para hacer; libros pendientes por devorar, amigos a visitar, bibliotecas donde sumergirse hasta el cuello en sus anaqueles, textos para estudiar, momentos a meditar y sobre todo millones de ideas para escribir que se atropellan en la punta de los dedos que una vida no alcanzaría. He buscado formulas que matarían de envidia al mismísimo Dr. Jekyll y no he encontrado la solución, duermo pocas horas, me apuro en las labores cotidianas para ganarle unos segundos al reloj pero ni modo. Cuando cae la noche, ya cercana la madrugada es que tengo unos minutos libres, sin embargo estoy tan agotado que apenas produzco algo inteligente, el cerebro se me vuelve una argamasa de ideas que filtrarla cuesta un esfuerzo superior a mis fuerzas en esos instantes. Triste apago la PC y voy a consolarme unos minutos con el libro de turno para acabar ahogado en llanto contemplando el alba que el desvelo de la inconformidad me ha obligado a disfrutar.

El mal

Recorremos el largo sendero de la vida analizando y juzgando el mundo desde nuestra óptica, emitimos juicios apoyados en la experiencia que trae el vivir, también un poco en la cultura alcanzada por el estudio de las ciencias sociales y sobre todo en los valores humanos en que fuimos educados.

Siempre esperamos recibir, o quizás deba hablar en singular pues en este álgido punto es difícil generalizar (hay personas que viven “desengañadas”), lo mismo que damos. Cuando no sucede de esa manera nos sentimos mal, traicionados, escépticos de la sociedad y tristes, muy tristes, cercanos a la depresión, llenos de dudas nos preguntamos ¿Cuál es el camino a seguir para no morir aplastados por la avalancha de egoísmo que devasta al mundo?

Cada vez que una persona actúa de forma equivocada trato por todos los medios de encontrar una explicación a su comportamiento, pienso que detrás de su proceder hay una razón de peso, motivos que justifiquen sus actos a su conciencia. Por eso necesitaba escribir, volcar todo mi malestar sobre el papel para no explotar de incertidumbre y dudas, llenarme de esperanzas, creer que aún tenemos salvación y que el egoísmo ese motor impulsor del odio se romperá. ¿Por qué seremos tan imperfectos, materialistas y mezquinos? ¿Dónde está el placer en forjar el mal?

Ningún ser pensante, inteligente, en su sano juicio puede descansar tranquilo sabiéndose ejecutor de vilezas. Reniego de la existencia de la mala voluntad por placer. Quizás la ingenuidad o el anhelo de una sociedad mejor me hace ocultar la existencia de estos seres malignos que sienten goce al dañar a otro persona.

Pero olvido una verdad, nuestro creador nos forjo del barro, una arcilla llena de impurezas que se cae a pedazos al solo tocarlas por el lado débil, ese que tratamos de proteger y cubrimos de una coraza de fuego por temor a desaparecer. La clave no está en cuidarla como piensan muchos, sino tener el tino de agacharse y recoger un barro más puro, semejante al de la porcelana, y rellenar ese hueco dejado por las malas acciones con una arcilla transparente, traslúcida. De esa manera nos alzaremos más brillantes y sólidos que antes, siendo mejores personas, cercanas a la perfección, no material sino espiritual.

Algo así quiso decir Jesús cuando ofreció la otra mejilla, nos enseño a levantarnos del polvo iluminados por un aura luminosa, exponiendo al mundo la grandeza del perdón.

Una canción del alma

Por fin un instante de tranquilidad para dedicarme a poblar de nuevas letras este blog que se convierte día a día en un diario personal, pasando a ser publico sensaciones y pensamientos íntimos. Extraña sensación esa de abrir una ventana del alma a seres desconocidos e invisibles que cobran cuerpo a través de algún pasajero comentario.

No quiero continuar con lamentaciones que invocan falta de tiempo para escribir debido a cuestiones monetarias, estoy harto de eso. A pesar de que mi rostro se oculta detrás de una copiosa barba y la mente me bulle de códigos informáticos después de varios días dedicándome al trabajo, siento una paz infinita que mana de la satisfacción de haber realizado una fructífera labor y de la necesidad satisfecha de comenzar a escribir.

Hoy he despertado con una canción en los labios y durante el día me la he pasado tarareándola. Eso le sucede a todo el mundo, no es nada extraordinario, lo curioso es discernir porque un tema musical en específico nos viene a la mente. Aventuro orígenes sentimentales, estados de ánimo generados en lo profundo de la noche que al ver la luz matinal explotan en sensaciones placenteras que entrelazamos con recuerdos y se materializan en una canción que emerge de lo más profundo de nuestra alma.

“Hoy vengo a ofrecer mi corazón” genial creación de ese grande que es Fito Páez es la causa de mi sentir. Un tema único, irrepetible, que me hace estremecer cada vez que lo escucho. No sé que tiene esa canción pero me hace ver que el mundo esta mal, que debemos abrir nuestra alma para cambiarlo, transformarlo, sacarlo de la utopía y plasmarlo en la cotidianidad.

Un sueño que anda tras mí vida desde hace largos años, lo creía olvidado pero ahí está, cerca cuando necesito apoyo espiritual, induciéndome fuerzas y poblándome de esperanzas para continuar viviendo, con la certeza que aún puedo encontrar el verdadero sentido de mí existencia.

Yo vengo a ofrecer mi corazón

¿Quién dijo que todo está perdido?
Yo vengo a ofrecer mi corazón.
Tanta sangre que se llevó el río,
yo vengo a ofrecer mi corazón.

No será tan fácil, ya sé que pasa.
No será tan simple como pensaba.
Como abrir el pecho y sacar el alma, una cuchillada de amor.

Luna de los pobres, siempre abierta,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
Como un documento inalterable,
yo vengo a ofrecer mi corazón.

Y uniré las puntas de un mismo lazo,
y me iré tranquilo, me iré despacio,
y te daré todo y me darás algo,
algo que me alivie un poco nomás.

Cuando no haya nadie cerca o lejos,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
Cuando los satélites no alcancen,
yo vengo a ofrecer mi corazón.

Hablo de países y de esperanza,
hablo por la vida, hablo por la nada,
hablo por cambiar esta, nuestra casa,
de cambiarla por cambiar nomás.

¿Quién dijo que todo está perdido?
Yo vengo a ofrecer mi corazón.


Fito Páez

Mi lugar

Hace un tiempo lamentaba la suerte de verme alejado de este rincón en donde me siento tan bien. Recordando a Don Juan, ese misterioso personaje del también enigmático escritor-antropólogo Carlos Castaneda, por fin he hallado mi lugar, ese donde convergen energías propicias a mi existencia.

A diferencia de lo expresado por el brujo mi paraje no es propiamente físico, al menos no en la forma tradicional, sino virtual o digamos mejor espiritual. Puedo llenar de letras el blog en cualquier sitio donde tenga privacidad, el vínculo es interno, una puerta que encuentra el alma para expresarse.

Como en la pasada ocasión el motivo de la distancia ha sido la necesidad de dinero, ese objeto nefasto que por su causa sufro cada segundo de separación literaria. Un trabajo de última hora, bien recompensado, me secuestra días sin darme un segundo de descanso ni siquiera para posar la cansada vista sobre un libro. Es triste pero necesario.

Añoro el momento, si es que alguna vez llega, en que pueda vivir de escribir. Eso sería el colmo de la felicidad para un espíritu atormentado como el mío. Todos poseemos sueños, la mayoría irrealizables pero apelo a la bondad de Dios para apartar las oscuras piedras del camino que me ha tocado recorrer.

De cierta manera en estos días ha influido en ello. Sorprendido por una baja considerable en las visitas al blog, echaba la culpa de ello (aunque no deja de influir claro está) a la ausencia de actualización, sin embargo comentándolo con un amigo que en análoga situación se encuentra el suyo, proyectó luz sobre el fenómeno y trajo tranquilidad a mi alma. Esta semana que termina es Semana Santa, muchas personas abandonan sus ocupaciones habituales, entre las que se hayan navegar por la red, y se van a descansar a cualquier rincón.

Aunque me quedan unos días de inevitable trabajo, haré lo posible por estar cerca, no puedo seguir soportando la sensación de ahogo que invade mi pecho y cuya única cura es volver cada día a este, mi lugar.

Nuevo juguete de trabajo

Ordenador portátil HP 530Tecleo estas líneas desde mi nuevo artefacto de trabajo, se trata de un ordenador portátil HP 530 con Windows Vista instalado. Una pequeña maravilla tecnológica con la cual me siento muy a gusto, aunque no consigo del todo llegar al nivel de intimidad que he experimentado al escribir sobre el papel. Todavía siento la frialdad de la brillante pantalla y las plásticas teclas que me hacen sentir extraño, ajeno al mundo que puja en mi interior por expresarse. Supongo que estaría más a gusto con una pluma de ave y un pote de tinta, manchando la mesa y las hojas. Pero no quiero pecar de anticuado, negar el desarrollo no está en mi naturaleza.

Hasta ahora lo más exquisito, aparte del hardware en sí, es el maravilloso Word 2007. En esta versión condensaron inteligentemente las diversas herramientas de este programa tan utilizado por aquellos que tenemos la pasión de las letras.

Otra ventaja es la posibilidad de transportar junto con las ideas el material de investigación que poseo, cual sostén de un cerebro en decadencia.

No quiero ahondar en cuestiones técnicas relativas a lo bueno o malo del sistema operativo de moda, de eso se comenta bastante en la red por la que todos andamos, solo apuntar que es muy llamativo y agradable a la vista (¿de ahí vendrá el nombre?) generándome un estado de ánimo muy acorde a la creación literaria.

Llegado al final del necesario primer post sobre la herramienta literaria ahora en mis manos, deseo agradecer a las personas que la hicieron posible, seres anónimos debido a razones que algún día publicaré. Ruego a Dios por su salud y por la realización de sus ideales, tan nuestros, tan de todos.

Inconcluso III

Escribir es la única forma que poseo para materializarme, para no desaparecer. Estas líneas que surgen espontáneas ante mis ojos son el soporte de un espíritu asustado, temeroso sobre el ulterior sentir externo y el vacío perenne, desocupado por siempre para las almas veneradas de mí ser, creado por lo volátil de nuestra existencia.

Hoy me siento cerca de lo Impalpable, por razones cotidianas, absurdas y tal vez controlables pero que aún no asimilo del todo pues desconozco el método efectivo de neutralizarlas para siempre.

Ojala todo sea un delirio, un equivoco, volcado por un ente superior sobre la intención de la bruja que lo anheló hace años, rezo a Dios por esa posibilidad tan tangible como el propio estado en que me hallo.

Mundo de todos

Los gorgojos me han asaltado. En un pasado impreciso hicieron irrupción en mi morada para invadir lugares insospechados. Como decoración anacrónica y absurda pueblan las paredes, techo, sillas y mesas, hasta de las camas he tenido que echarlos.

Su lugar favorito, quien lo duda, es la cocina. Ahí se libra la más cruel de las batallas. Enfrentados a un poderoso adversario que los supera en número y logística, combaten a mano armada o mejor antenas por medio con las hormigas. Ellas le presentan una feroz resistencia para hacerles casi imposible el dominio de ese preciado lugar.

Al principio los mataba sin contemplación pero con el paso del tiempo nuestra relación se ha vuelto profunda, casi formal. Verlos pasearse despreocupados sobre el borde del retrete o resbalar con gracia sobre el jabón cambio algo en mí. Ya no los trituro con la yema del dedo ni los aplasto con el desnudo pie, ahora los aparto con suavidad para librarlos de la muerte.

Estoy vencido, diminutos seres que con estoicismo horadaron mi espíritu para cambiar el odio por amor, desplegando ante ojos inexpertos un maravilloso y desconocido mundo, forjado sobre pilares de resistencia y cordialidad para hacerme deponer las armas ante incuestionables valores de igualdad y derecho a la vida. Espero las hormigas lo entiendan algún día.

Basura

Me siento incorpóreo, transparente, esponjoso. Un enorme vacío, como el de los huecos negros, atesta mi interior, no poseo órganos ni sangre, ni siquiera huesos en los que sostener esta masa cárnica amorfa. Paso a través de las paredes, los postes de la luz, hasta de las personas, a ellas les siento latir la vida cuando mi brazo o pierna se encuentran dentro de su cuerpo. De esos entes me alimento, vampiro sediento de existencia ajena, de ilusiones y sueños de otros, los propios están secos, extraviados o abandonados a propósito en una esquina abarrotada de basura.

No recuerdo como llegue a convertirme en esta babosa translucida quizás fue cuando decidí no pensar más y vegetar como un invertebrado. Ellos se ven tan felices y tranquilos que comencé a sentir envidia, aplastarlos cada vez que los veía con su antenitas dejando un rastro húmedo se convirtió en pasión.

¡Oh! Ahora lo entiendo. He sido castigado por el Dios de las babosas, forzado a existir como uno más entre ellos, a ver mi propio rastro acuoso, a mover estas majaderas antenitas, a intentar apurarme cuando atravieso una acera atestada con humanos (para llegar al basurero donde abandone mis sueños), de pies calzados que se acercan cada vez más e irreductiblemente te aplast…