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No vengas cuando esté muerto - Lord Tennyson

No vengas cuando esté muerto
a derramar inocentes lágrimas sobre mi tumba,
a pisotear alrededor de mi cabeza caída.

Atormentar el infame polvo no nos salvará;
deja que el viento me acaricie y que las aves me lloren,
Pero tú, aléjate.

Niña, si esto fuera un error o un crimen,
poco me importa, siendo mi existencia maldita:
Enlaza tu mano con quien desees,
pues cansado estoy del Tiempo,
y mi único anhelo es descansar.

Pasa, corazón débil,
y abandona este lecho de tierra.
Aléjate, no retornes jamás.


Lord Tennyson

Pájaros - Mario Benedetti

Hoy amanecí con una poesía de Benedetti a flor de labios, volvía una y otra vez a mi mente, sobre todo un verso que destaco en negrita. El porqué es el eterno misterio, ese que hace necesaria la existencia…

Pájaros - Mario Benedetti

Hace ya varios siglos
que pájaros ilustres sobrevuelan
los predios de la vasta poesía.

La golondrina el ruiseñor la alondra
la calandria el jilguero el picaflor
el cuervo la oropéndola
y por supuesto el ave fénix
han sido convocados por poetas
para poblar sus bosques
ornamentar sus cielos
y rellenar metáforas.

Yo aquí rompo una lanza
por los discriminados / los que nunca
o pocas veces comparecen
los pobres pajaritos del olvido
que también están llenos de memoria.

Por eso aquí propongo
al canario el gorrión el tordo el mirlo
la viuda el estornino el cardenal
la tórtola la urraca el hortelano
el martín pescador el benteveo
para que alguna vez entren al verso
aunque tan sólo sea / como en esta ocasión
por la modesta puerta de servicio.


Mario Benedetti

La muerte - Percy Bysshe Shelley

I

No hay sitio que la muerte silenciosa
no recorra veloz con pasos ciertos;
nada su marcha detener consigue,
y nosotros también estamos muertos.

II

Ella con mano fuerte ha colocado
su sello aterrador en nuestra frente;
en todo lo que pasa por el mundo
está la marca sepulcral latente.

III

Cuando han muerto el placer y la esperanza
aléjase el temor del pecho herido;
después que ya esa deuda se ha cumplido
el polvo llama al polvo y nos alcanza
de la fosa el abrazo entumecido.

IV

Todo cuanto queremos en el mundo
lo mismo que nosotros desaparece;
Ésa es la ley tirana que nos rige.
¿No es cierto que el amor también perece?


Percy Bysshe Shelley

Hojas de hierba

Con frecuencia salgo de casa sin rumbo fijo dejando que los pies me guíen adonde el pensamiento desconoce, casi siempre ellos, caprichosos, terminan desembocando en la parte antigua de la ciudad, tal vez porque su atmósfera envolvente y mística tiene poderes ocultos para atraer hacía sí a cuerpos que añoran encontrar algo que dé sentido a la existencia diaria.

Esta vez la poesía vino a mi encuentro en forma de un volumen largamente buscado, en plena calle abarrotada de gente, perdido en la vorágine de una venta agropecuaria se encontraba un puesto de libros y en una esquina del mismo la magnífica obra de Walt Whitman Hojas de Hierba.

No recuerdo cuantas veces he repasado sus poemas, pero siempre han sido en forma digital (muy fría para mi gusto) o de una mano amiga que ha tenido la gentileza de prestarlo, casi siempre por un periodo muy corto. Pero ahora ya es mío, en una edición de factura mediocre pero al menos impreso, físico, con olor a tinta fresca. Continué mi andar pero ahora con el libro en mis manos, sorteando personas que miraban extrañadas como era posible que alguien pudiera leer en una calle tan abarrotada.

Desde ese día ando con la poesía acuestas, leyendo a la menor oportunidad (excepto en las noches cuando dejo que el libro de turno me regale su historia), permito que las manos sean quienes escojan la página, no importa su decisión en cualquiera de ellas estará esperando una poesía cargada de sentimientos digna de ser leída una y mil veces. Una de ellas, la conocida ¡Oh capitán, mi capitán!, por ocultas relaciones cerebrales, me hizo recordar esa famosa película de 1989 “El club de los poetas muertos”. Enormes deseos de volver a disfrutarla vinieron a mi ser, haciéndome buscarla de inmediato por la Red que todos andamos, de suerte que dentro de un rato podré descubrir el porqué de la relación neuronal.

Por ahora dejo un poema y la manera que fue escogido, bueno eso ya lo comenté…

A una prostituta cualquiera

Cálmate —siéntete cómoda conmigo— soy Walt Whitman, liberal y
[voluptuoso como la naturaleza;
Hasta que el sol no te aparte no te apartaré yo;
Hasta que las aguas no se nieguen a relumbrar por ti, y las hojas a
[susurrar por ti, no dejarán mis palabras de relumbrar y susurrar por ti.

Mi niña, acuerdo contigo una cita —y te advierto que te prepares a ser
[digna de conocerme,
Y te advierto que seas paciente y correcta hasta que yo venga.

Hasta entonces te saludo con una mirada elocuente, para que no me
[olvides.


Walt Whitman

No te detengas - Walt Whitman

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
"Emito mis alaridos por los techos de este mundo",
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros "poetas muertos",
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los "poetas vivos".
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas...


Walt Whitman

El mar de la Literatura

Arribo al post 200 de letras e ideas, han pasado nueve meses desde que decidí comenzar a verter ideas, sueños y esperanzas sobre la jungla digital que pienso es internet y aseguro que jamás imagine llegar a tantas entradas y mucho menos tan rápido, cosas de la vida te sientas a escribir y no tienes como parar aunque confieso que tampoco pretendo detenerme. Los pocos asiduos que de una manera u otra caen por este perdido rincón habrán notado una variedad de temas que incluye fotografías y poemas periódicos, para ser exactos intento adornar con ellos semanalmente las entradas, buscando la variedad tan necesaria para no aburrir al lector e influir de frescor la bitácora. Pues bien, quiso el destino que el post 200 coincidiera con el poema semanal lo que atribuyo a fuerzas desconocidas que resaltan el carácter literario del espacio, al menos quiero pensarlo así ya que me proporciona un inmenso regocijo y una sana vanidad.

No he tenido que pensar mucho para decidirme a publicar un poema de un genio de la lengua que por estos días anda enfrascado en un nuevo poemario a sus ochenta y tantos años, algo digno de admiración y que demuestra que los grandes escritores jamás pueden dejar de expresarse. Mario Benedetti, bardo uruguayo que si tengo la desdicha de caer en una isla desierta quisiera llevarme conmigo todos sus libros, es el elegido no podría ser otro, gracias a su prosa conocí la grandeza de la literatura, navegue por mares de sueños y naufrague para quedarme por siempre en las playas mágicas donde la poesía se encuentra en cada granito de arena.

Botella al mar

                 El mar un azar
Vicente Huidobro
Pongo estos seis versos en mi botella al mar
con el secreto designio de que algún día
llegue a una playa casi desierta
y un niño la encuentre y la destape
y en lugar de versos extraiga piedritas
y socorros y alertas y caracoles.


Mario Benedetti

"No pronuncies mi nombre"

Bajo este título se está saldando una vieja deuda para con un poeta, un revolucionario, un hombre de ilusiones y sueños, Roque Dalton. El segundo tomo de su Poesía Completa ha sido lanzado en El Salvador, tierra natal del bardo, por la Dirección de Publicaciones e Impresos de ese país en continuación a un compromiso moral que empezó a materializarse en el 2005 con la salida a la venta del primer tomo de su obra y que debe culminar en un futuro próximo con la tercera parte, tal y como planificó Dalton durante su estadía en La Habana en 1973.

Dalton temía que su obra desapareciera en las nieblas del tiempo y comenzó a organizar sus textos para agruparlos en tres tomos, lo que se está cumpliendo hasta el momento, respetando el orden propuesto por él. Al final del volumen se recogen imágenes inéditas del escritor acompañado de su familia, amigos y colegas lo que viene a engrandecer este ejemplar digno de figurar en la biblioteca del más exigente de los amantes de la poesía.

La vida del poeta estuvo colmada de heroísmo y valentía, sufrió el agobio de la cárcel, escapándose de ella gracias a un terremoto que debilitó los barrotes de su encierro. Tuvo que exiliarse a México, Checoslovaquia y por último a Cuba, de ahí regresa a su patria y es asesinado por sus propios compañeros de lucha de la guerrilla “Ejército Revolucionario del Pueblo” que más tarde paso a ser el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional de El Salvador, bajo la acusación de ser espía de la CIA y de la Inteligencia cubana (que gran contradicción), posteriormente fue desmentida esta vil inculpación.

Yo guardo con cariño una selección de sus poemas editados por Casa de las Américas que cada vez que tengo un pequeño tiempo hojeo para disfrutar de su exquisita prosa. Hay un poema que prefiero por sobre todos y quiero adornar este espacio con él, un regalo para todos aquellos que aman la poesía revolucionaria.

Y sin embargo, amor

Y sin embargo, amor, a través de las lágrimas,
yo sabía que al fin iba a quedarme
desnudo en la ribera de la risa.

Aquí,
hoy,
digo:
siempre recordaré tu desnudez en mis manos,
tu olor a disfrutada madera de sándalo
clavada junto al sol de la mañana;
tu risa de muchacha,
o de arroyo,
o de pájaro;
tus manos largas y amantes
como un lirio traidor a sus antiguos colores;
tu voz,
tus ojos,
lo de abarcable en ti que entre mis pasos
pensaba sostener con las palabras.

Pero ya no habrá tiempo de llorar.

Ha terminado
la hora de la ceniza para mi corazón.

Hace frío sin ti,
pero se vive.


Roque Dalton

Estrofas para música - Lord Byron

No digo - No esbozo - No respiro vuestro nombre,
Hay pesar en el sonido - habría culpa en la fama;
Pero la lágrima que ahora arde en mi mejilla puede dar cuenta
Del profundo pensamiento que habita en ese silencio del corazón.

Demasiado cortas para nuestra pasión, demasiado largas para nuestra paz,
Fueron aquellas horas, ¿puede cesar su alegría o su amargura?
Nos arrepentimos - abjuramos - deseamos romper nuestra cadena;
Debemos separarnos - debemos volar a - unirla otra vez.

¡Oh! Vuestra sea la alegría y mía sea la culpa,
Perdonadme adorada - abandonadme si lo deseáis;
Pero el corazón que porto expirará sin haber sido rebajado,
Y los hombres no lo quebraran - sea lo que sea que podáis vos.

Y firme ante el altivo, pero humilde ante vos,
Habrá de ser mi alma en su más amarga oscuridad;
Y nuestros días han de ser más rápidos - y nuestros momentos más dulces,
Con vos a mi lado - que con el mundo a nuestros pies.

Una visión de vuestro dolor - una imagen de vuestro amor,
Habrá de cambiarme o confirmarme, de castigar o reprobar;
Y los sin corazón podrán maravillarse de tanto a lo que renunciamos,
Vuestro labio no habrá de responder a ellos - sino al mío.


Lord Byron

Muerte nupcial - Miguel Hernandez

El lecho, aquella hierba de ayer y de mañana:
este lienzo de ahora sobre madera aún verde,
flota como la tierra, se sume en la besana
donde el deseo encuentra los ojos y los pierde.

Pasar por unos ojos como por un desierto:
como por dos ciudades que ni un amor contienen.
Mirada que va y vuelve sin haber descubierto
el corazón a nadie, que todos la enarenen.

Mis ojos encontraron en un rincón los tuyos.
Se descubrieron mudos entre las dos miradas.
Sentimos recorrernos un palomar de arrullos,
y un grupo de arrebatos de alas arrebatadas.

Cuanto más se miraban más se hallaban: más hondos
se veían, más lejos, y más en uno fundidos.
El corazón se puso, y el mundo, más redondos.
Atravesaba el lecho la patria de los nidos.

Entonces, el anhelo creciente, la distancia
que va de hueso a hueso recorrida y unida,
al aspirar del todo la imperiosa fragancia,
proyectamos los cuerpos más allá de la vida.

Espiramos del todo. ¡Qué absoluto portento!
¡Qué total fue la dicha de mirarse abrazados,
desplegados los ojos hacia arriba un momento,
y al momento hacia abajo con los ojos plegados!

Pero no moriremos. Fue tan cálidamente
consumada la vida como el sol, su mirada.
No es posible perdernos. Somos plena simiente.
Y la muerte ha quedado, con los dos, fecundada.


Miguel Hernandez

Verano - Rafael Alberti

A Federico García Lorca

Sal tú, bebiendo campos y ciudades,
en largo ciervo de agua convertido,
hacia el mar de las albas claridades,
del martín-pescador mecido nido;

que yo saldré a esperarte amortecido,
hecho junco, a las altas soledades
herido por el aire y requerido
por tu voz, sola entre las tempestades.

Deja que escriba, débil junco frío,
mi nombre en esas aguas corredoras,
que el viento llama, solitario, río.

Disuelto ya en tu nieve el nombre mío,
vuélvete a tus montañas trepadoras
ciervo de espuma, rey del monterío.


Rafael Alberti

Preguntas - Bertolt Brecht

¡Escríbeme qué llevas puesto! ¿Es cálido?
¡Escríbeme en qué duermes! ¿Es también blando?
¡Escríbeme qué aspecto tienes! ¿Sigue siendo el mismo?
¡Escríbeme qué echas de menos! ¿Mi brazo?
¡Escríbeme cómo te va! ¿Te respetan?
¡Escríbeme qué andan haciendo! ¿Tienes bastante valor?
¡Escríbeme qué haces tú! ¿Sigue siendo bueno?
¡Escríbeme en qué piensas! ¿En mí?
¡La verdad es que sólo tengo preguntas para ti!
¡Y espero con ansiedad la respuesta!
Cuando tú estás cansada, nada puedo llevarte.
Si pasas hambre, no puedo darte de comer.
Así que estoy como fuera del mundo,
perdido, como si te hubiese olvidado.


Bertolt Brecht

Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles.

Esto último no podía dejar de ponerlo, esa cita me conmueve el alma.

Soneto I - Garcilaso de la Vega

Cuando me paro a contemplar mi estado
y a ver los pasos por dó me ha traído,
hallo, según por do anduve perdido,
que a mayor mal pudiera haber llegado;

mas cuando del camino estoy olvidado,
a tanto mal no sé por dó he venido:
sé que me acabo, y mas he yo sentido
ver acabar conmigo mi cuidado.

Yo acabaré, que me entregué sin arte
a quien sabrá perderme y acabarme,
si quisiere, y aun sabrá querello:

que pues mi voluntad puede matarme,
la suya, que no es tanto de mi parte,
pudiendo, ¿qué hará sino hacello?


Garcilaso de la Vega

Poema VI - Pablo Neruda

Te recuerdo como eras en el último otoño.
Eras la boina gris y el corazón en calma.
En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo.
Y las hojas caían en el agua de tu alma.

Apegada a mis brazos como una enredadera,
las hojas recogían tu voz lenta y en calma.
Hoguera de estupor en que mi sed ardía.
Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma.

Siento viajar tus ojos y es distante el otoño:
boina gris, voz de pájaro y corazón de casa
hacia donde emigraban mis profundos anhelos
y caían mis besos alegres como brasas.

Cielo desde un navío. Campo desde los cerros.
Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma!
Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos.
Hojas secas de otoño giraban en tu alma.


Pablo Neruda

Esta tarde - Alfonsina Storni

Ahora quiero amar algo lejano...
Algún hombre divino
Que sea como un ave por lo dulce,
Que haya habido mujeres infinitas
Y sepa de otras tierras, y florezca
La palabra en sus labios, perfumada:
Suerte de selva virgen bajo el viento...

Y quiero amarlo ahora. Está la tarde
Blanda y tranquila como espeso musgo,
Tiembla mi boca y mis dedos finos,
Se deshacen mis trenzas poco a poco.

Siento un vago rumor... Toda la tierra
Está cantando dulcemente... Lejos
Los bosques se han cargado de corolas,
Desbordan los arroyos de sus cauces
Y las aguas se filtran en la tierra
Así como mis ojos en los ojos
Que estoy sonañdo embelesada...

Pero
Ya está bajando el sol de los montes,
Las aves se acurrucan en sus nidos,
La tarde ha de morir y él está lejos...
Lejos como este sol que para nunca
Se marcha y me abandona, con las manos
Hundidas en las trenzas, con la boca
Húmeda y temblorosa, con el alma
Sutilizada, ardida en la esperanza
De este amor infinito que me vuelve
Dulce y hermosa...


Alfonsina Storni

El manuscrito perdido

Un maravilloso hallazgo para las letras cubanas acaeció recién en la capital de ese país. Mientras se efectuaba una limpieza en los archivos del diario oficial Granma afloró un largo pliego que rápidamente llamó la atención por su curiosa forma, amarillo por el tiempo, adornado con una preciosa caligrafía renacían unos versos que parecían dibujados más que escritos.

La inconfundible letra del poeta nacional de Cuba Nicolás Guillén fue identificada en el manuscrito. Sin lugar a dudas, se estaba en presencia de la copia en limpio, pasada a mano por el propio bardo, de uno de los poemas más bellos que jamás halla escrito este genio, la famosa Canción de cuna para despertar a un negrito.

Compuesta en 1953 cuando el poeta se encontraba exiliado en Brasil, nada menos que en casa del celebre pintor brasileño Cândido Portinari, amigo que le dio asilo al huir de la persecución que era objeto en la Cuba de Batista. Hecho confirmado en el propio pliego. Bajo su firma estampó la fecha y lugar de su creación. El poema forma parte de la antología "La paloma de vuelo popular", publicada en Argentina en 1958.

Es realmente confortante cada vez que el destino pone al descubierto documentos que se creían perdidos, situaciones así alientan a hurgar en miles de papeles regados que podemos encontrar en cualquier rincón de cualquier ciudad. Solo es necesario remangarnos la camisa e hincar nuestras manos en la historia y quizás la leyenda.

Canción de cuna para despertar a un negrito

Dórmiti, mi nengre,
mi nengre bonito...

E. Ballagas

Una paloma
cantando pasa:
—¡Upa, mi negro,
que el sol abrasa!
Ya nadie duerme,
ni está en su casa;
ni el cocodrilo,
ni la yaguaza,
ni la culebra,
ni la torcaza...
Coco, cacao,
cacho, cachaza,
¡upa, mi negro,
que el sol abrasa!

Negrazo, venga
con su negraza.
¡Aire con aire,
que el sol abrasa!
Mire la gente,
llamando pasa;
gente en la calle,
gente en la plaza;
ya nadie queda
que esté en su casa...
Coco, cacao,
cacho, cachaza,
¡upa, mi negro,
que el sol abrasa!

Negrón, negrito,
ciruela y pasa,
salga y despierte,
que el sol abrasa,
diga despierto
lo que le pasa...
¡Que muera el amo,
muera en la brasa!
Ya nadie duerme,
ni está en su casa:
¡coco, cacao,
cacho, cachaza,
upa, mi negro,
que el sol abrasa!


Nicolás Guillén

Arte poética - Jorge Luis Borges

Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.

Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo.

Ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.

A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar Ítaca
verde y humilde. El arte es esa Ítaca
de verde eternidad, no de prodigios.

También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.


Jorge Luis Borges

Cantares - Antonio Machado

Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre el mar.

Nunca persequí la gloria,
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles,
como pompas de jabón.

Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse...

Nunca perseguí la gloria.

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino
sino estelas en la mar...

Hace algún tiempo en ese lugar
donde hoy los bosques se visten de espinos
se oyó la voz de un poeta gritar
"Caminante no hay camino,
se hace camino al andar..."

Golpe a golpe, verso a verso...

Murió el poeta lejos del hogar.
Le cubre el polvo de un país vecino.
Al alejarse le vieron llorar.
"Caminante no hay camino,
se hace camino al andar..."

Golpe a golpe, verso a verso...

Cuando el jilguero no puede cantar.
Cuando el poeta es un peregrino,
cuando de nada nos sirve rezar.
"Caminante no hay camino,
se hace camino al andar..."

Golpe a golpe, verso a verso.


Antonio Machado



Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina

Himno a las estrellas - Francisco de Quevedo

A vosotras, estrellas,
alza el vuelo mi pluma temerosa,
del piélago de luz ricas centellas;
lumbres que enciende triste y dolorosa
a las exequias del difunto día,
güérfana de su luz, la noche fría;

ejército de oro,
que por campañas de zafir marchando,
guardáis el trono del eterno coro
con diversas escuadras militando;
Argos divino de cristal y fuego,
por cuyos ojos vela el mundo ciego;

señas esclarecidas
que, con llama parlera y elocuente,
por el mudo silencio repartidas,
a la sombra servís de voz ardiente;
pompa que da la noche a sus vestidos,
letras de luz, misterios encendidos;

de la tiniebla triste
preciosas joyas, y del sueño helado
galas, que en competencia del sol viste;
espías del amante recatado,
fuentes de luz para animar el suelo,
flores lucientes del jardín del cielo,

vosotras, de la luna
familia relumbrante, ninfas claras,
cuyos pasos arrastran la Fortuna,
con cuyos movimientos muda caras,
árbitros de la paz y de la guerra,
que, en ausencia del sol, regís la tierra;

vosotras, de la suerte
dispensadoras, luces tutelares
que dais la vida, que acercáis la muerte,
mudando de semblante, de lugares;
llamas, que habláis con doctos movimientos,
cuyos trémulos rayos son acentos;

vosotras, que, enojadas,
a la sed de los surcos y sembrados
la bebida negáis, o ya abrasadas
dais en ceniza el pasto a los ganados,
y si miráis benignas y clementes,
el cielo es labrador para las gentes;

vosotras, cuyas leyes
guarda observante el tiempo en toda parte,
amenazas de príncipes y reyes,
si os aborta Saturno, Jove o Marte;
ya fijas vais, o ya llevéis delante
por lúbricos caminos greña errante,

si amasteis en la vida
y ya en el firmamento estáis clavadas,
pues la pena de amor nunca se olvida,
y aun suspiráis en signos transformadas,
con Amarilis, ninfa la más bella,
estrellas, ordenad que tenga estrella.

Si entre vosotras una
miró sobre su parto y nacimiento
y della se encargó desde la cuna,
dispensando su acción, su movimiento,
pedidla, estrellas, a cualquier que sea,
que la incline siquiera a que me vea.

Yo, en tanto, desatado
en humo, rico aliento de Pancaya,
haré que, peregrino y abrasado,
en busca vuestra por los aires vaya;
recataré del sol la lira mía
y empezaré a cantar muriendo el día.

Las tenebrosas aves,
que el silencio embarazan con gemido,
volando torpes y cantando graves,
más agüeros que tonos al oído,
para adular mis ansias y mis penas,
ya mis musas serán, ya mis sirenas.

Sonetos - William Shakespeare

19

Tiempo voraz: gasta al león las garras
Y urge a la tierra a devorar sus hijos;
Arranca el colmillo al fiero tigre
Y abrasa al viejo fénix en su sangre.
Siembra dicha y penurias mientras corres
Y trata a tu capricho, Tiempo alado,
Al mundo y sus lisonjas pasajeras,
Mas un crimen horrendo te prohibo:
No talles en la frente de mi amado
Los surcos de tus horas con tu pluma,
Preserva su belleza de tu oprobio
Para ejemplo de hombres venideros.
Mas ultrájalo, Tiempo. A tu despecho
En mis versos mi amor vivirá joven.

Testamento - Virgilio Piñera

Como he sido iconoclasta
me niego a que me hagan estatua:
si en la vida he sido carne,
en la muerte no quiero ser mármol.

Como yo soy de un lugar
de demonios y de ángeles,
en ángel y demonio muerto
seguiré por esas calles...

En tal eternidad veré
nuevos demonios y ángeles,
con ellos conversaré
en un lenguaje cifrado.

Y todos entenderán
el yo no lloro, mi hermano...
Así fui, así viví,
así soñé. Pasé el trance.