Casi finalizando Baudolino, ese magnífico libro cargado de personajes históricos y de leyendas clásicas, encuentro referencias sobre una mujer que ocupa mi mente desde hace varios años cuando por casualidad tropecé con su historia. Hipatia, considerada la primera fémina matemática de la historia, a la que deseo dedicarles algunas líneas en homenaje a todas las representantes de la más exquisita de las creaciones divinas: la mujer.
Lejos estoy de presentar su biografía para eso existe wikipedia donde está recogida su historia de manera muy explícita. Solo quiero detenerme en lo que representó para el mundo la existencia de una mujer de estos calibres, digno ejemplo de valentía y resolución, firme en sus ideales hasta el instante de su atroz muerte. Victima de odio y la incomprensión supo mantenerse fiel a sus principios, tanto científicos como religiosos (era pagana en un mundo cristiano), la envidia, ese oscuro sentimiento que tanto mal ha hecho por esta tierra, selló su destino. Sin embargo nos lego muchísimo, hizo descubrimientos asombrosos que marcaron el rumbo de la historia humana. Algunos estudiosos le atribuyen la creación del Astrolabio, instrumento utilizado en la navegación y del cual se valieron los grandes navegantes para colmar de gloria sus nombres y ampliar las fronteras de este universo que hoy se queda pequeño.
Hipatia fue una mujer extraída de la mejor cantera humana, un ídolo de sabiduría que brilla a través de los siglos emitiendo destellos que dan calor y reconfortan a tantos seres humanos. De ella vemos innumerables representantes en nuestros días, mujeres que nutren de descubrimientos filosóficos y científicos la sociedad actual. Ellas son un haz de luz que trae un poco de claridad y esperanza a este oscuro mundo.
Hipatia
Los Gimnosofistas
Leyendo a Baudolino de Umberto Eco, un libro que comentaré en cuanto concluya, tropiezo con un concepto filosófico que llamó poderosamente mi atención, se trata de los Gimnosofistas que significa filósofos desnudos. Este término fue acuñado por los griegos en referencia a cierto grupo asceta hindú que Alejandro Magno encontró en sus campañas conquistadoras por Asia. En Baudolino, Eco expone la visión del mundo de estos hombres a través de un dialogo con uno de los principales personajes del libro, es tan genial su concepción que no pude resistir la tentación de exponerlo en esta bitácora. Ahí se oculta una verdadera enseñanza, excelente pero alejada de nuestra mente occidental lo que la hace prácticamente utópica y por ende inalcanzable…
Cito:
— ¿Quiénes son más, los vivos o los muertos?
— Los muertos son más, pero no se pueden contar ya. Por lo tanto, los que se ven son más que los que no se pueden ver.
— ¿Qué es más fuerte, la muerte o la vida?
— La vida, porque el sol, cuando surge, tiene rayos luminosos y relucientes, y, cuando se pone, parece más débil.
— ¿Qué es más, la tierra o el mar?
— La tierra, porque también el mar se apoya en el fondo de la tierra.
— ¿Qué ha venido antes, la noche o el día?
— La noche. Todo lo que nace se forma en la oscuridad del vientre y solo después es alumbrado.
— ¿Cuál es la parte mejor, la derecha o la izquierda?
— La derecha. En efecto, también el sol sale por la derecha y recorre su órbita en el cielo hasta la izquierda, y la mujer amamanta primero por el pecho de la derecha.
— ¿Cuál es el más feroz de los animales?
— El hombre.
— ¿Por qué?
— Pregúntatelo a ti mismo. También tú eres una fiera que tiene consigo a otras fieras, y por el ansia de poder quiere privar de la vida a todas las demás fieras.
— Pero si todos fueran como vosotros, el mar no se navegaría, la tierra no se cultivaría, no nacerían los grandes reinos que llevan orden y grandeza al miserable desorden de las cosas terrenales.
— Cada una de estas cosas es sin duda una ventura, pero esta construida sobre la desventura ajena, y eso nosotros no lo queremos.
He suprimido algunas líneas que sirven para concatenar la descripción de la novela pero que sin dudas aquí no son imprescindibles. He dejado solamente las preguntas con sus respuestas que hablan por sí solas.
Etiquetas: Reflexión
Noche de tormenta
Siento predilección por la lluvia, es una sensación antiquísima y grata que provoca en mis sentidos una agradable melancólica que justo comienza en el instante que escucho las gotas golpear el tejado o cuando llegan al suelo y se mezclan con sus predecesoras en una explosión de vida y frescor.
Esta noche la naturaleza ha decido bendecir mi espíritu y desde que el sol abandonó el hemisferio donde flota está abandonada isla comenzó a verter su más preciado maná sobre la ciudad que me ha tocado habitar. Siempre procuro mojar mis manos sobre esa agua, de ella siento un estremecimiento vivificador que inmediatamente transmite energía a todo mi ser. A partir de ese momento se que podré realizar cualquier labor intelectual en el mayor de los gozos, es increíble como se transforma mi estado de ánimo. Aunque nada es comparable a la tormenta del campo, allí la naturaleza está en todo su esplendor, es donde más claro se manifiesta y donde mejor he sentido su poder. Pero no siempre fue agradable.
Hace varios años estaba realizando un viaje de placer por el centro de la isla, una especie de treking o caminata que practicaba con frecuencia en esa época. Pasaba varios días (a veces semanas enteras) en alguna zona montañosa, viviendo pleno con la naturaleza, dormía a la intemperie o si tenía suerte en alguna gruta que encontrara en mi camino. Una tarde, recién llegado a la montaña, salgo en busca de una cascada que conocía de viajes anteriores y que esperaba llegar a ella antes que anocheciera para así poder acomodar mis huesos en una gruta ubicada cerca de su base. A medio camino de la cascada comenzó a llover, al principio apenas se notaba ya que los arboles son muy tupidos e impiden que las primeras gotas toquen el suelo, así que no me preocupe mucho. Yo iba con dos amigos, amantes de la naturaleza como yo, y decidimos apresurar el paso ya que las nubes cubrían el sol y la noche llegaría más temprano. Esa tarde la naturaleza nos ofreció una pequeña demostración de su poder, un preámbulo de lo que pasaríamos a la noche siguiente pero vayamos por parte.
La tormenta arrecio y la noche se nos vino encima sin darnos cuenta, sacamos unas linternas y entre resbalones que enfangaban nuestra ropa intentamos seguir el camino, regresar era impensable, además a ninguno nos paso por la cabeza semejante cosa, estábamos en aquel lugar por propia voluntad, conocíamos desde el principio a que nos enfrentábamos así que lo menos quebrantable era nuestra voluntad. Recuerdo incluso que hasta íbamos bromeando, riendo a carcajadas cada vez que nuestros cuerpos iban al suelo, la risa es muy beneficiosa en casos así, ya que alienta el corazón y aleja del alma malos pensamientos. En una montaña nunca se está seguro, íbamos por un camino muy peligroso debido a su estrechez, por un lado se abría un abismo y por el otro una pared casi vertical, las plantas nos ayudaban a mantener malamente el equilibrio, así que entre bromas teníamos que estar muy atentos no fuera que nuestros huesos reposaran por siempre en el fondo de algún acantilado. Entre caídas y levantes llegamos con noche cerrada a la añorada cascada. Cuál no sería nuestra sorpresa al comprobar que el lugar parecía una zona de descanso para turismo, todos pero todos los rincones donde podríamos quedarnos con tranquilidad estaban ocupados. Seguía lloviendo a chorros por lo que decidimos regresar unos pasos o mejor descender hasta el final de la cascada donde conocíamos de un rincón que tal vez hubiera permanecido a salvo de invasiones. Menos mal que fue así. Lo mejor de todo fue que la lluvia decidió otorgarnos la gracia de su ausencia por el resto de la noche.
Al amanecer nos dispusimos acomodar nuestro campamento. Hicimos una fogata con gran trabajo ya que la leña estaba húmeda pero al final nació un fuego vivificador. Las hamacas sobre las que descansábamos en la noche las colocamos bajo arboles resistentes y encima de ellas colgamos unos nailon para cubrirnos de la lluvia, ingenuos mortales pensábamos que eso iba a protegernos de la fuerza de nuestra madre naturaleza. No pienso extenderme mucho más solo aclarar que el campamento se hallaba al otro lado del río según nuestro punto de entrada y salida, es decir, que si el río crecía quedábamos atrapados en la vertiente opuesta, salir por ese lado implicaba escalar la ladera de la montaña de noche y bajo una lluvia torrencial no le creo muy fácil.
Nuevamente la noche y con ella la lluvia, empezó sobre las siete de la tarde y se manifestó con toda intensidad, yo esperaba mantenerme seco esa noche, así que me apretuje en la hamaca y me cubrí con una manta, por encima me protegían los arboles (pero de esa protección ya hable) y el nailon colocado a dos aguas y sujeto con fuertes cuerdas para evitar que el viento se lo llevara. Enseguida me quedé dormido. Calculo que estuve en los brazos de Morfeo alrededor de una hora, me despierta el frio, nacía en mi espalda e iba subiendo poco a poco a todo lo ancho del cuerpo. Medio dormido aún pienso que se trata de la humedad del suelo y me envuelvo más en la manta, al instante el frio se traslada hacía el costado y entonces caigo en la cuenta de que algo estaba mal. Saco una mano para palpar la hamaca y mi sorpresa fue indescriptible, todo mi improvisado lecho estaba inundado ¿pero cómo era posible? Sencillo, un error de cálculo. El nailon que debía protegerme era más corto que la hamaca y el agua estaba filtrándose por la parte superior e inferior de la misma, además al ser esta de un material impermeable no tenía por donde escaparse. Estaba durmiendo en una bañera a la intemperie. Me levante y vote el agua pero fue en vano, en menos de cinco minutos estaba repleta nuevamente. Mis compañeros no estaban mejor, empapados hasta los huesos me contemplaban mientras yo hacía vanos esfuerzos por mantener mi lecho libre de las aguas. La risa como la noche anterior acudió en nuestra ayuda. Pero el frio decidió “aguarnos” la velada y a los pocos minutos estábamos dando salticos para mantenernos calientes, ahí empezó lo peor.
Descolgamos los nailons y nos metimos bajo ellos, bien juntos para que el calor de nuestros cuerpos ayudara en algo. Recuerdo que pretendimos encender un cigarrillo pero el mechero estaba húmedo, lo acercamos en la boca y soplando al cabo de una hora logramos mediante en calor interno secar la piedra y provocar una chispa. La alegría fue inmensa. Es curioso como las pequeñas cosas, tan habituales en otros entornos que casi siempre pasan desapercibidas e incluso se hacen inconscientemente, alcanzan un valor espiritual de grandes calibres en situaciones extremas. Así pasamos la noche, sin pegar un ojo y con un frio horrible. Esa fue la peor noche que he pasado en mi vida pero curiosamente estaba feliz.
Al otro día buscamos refugio en casa de un campesino que vivía por los alrededores de la cascada, el cual habíamos conocido de viajes anteriores. Cuando estuvimos instalados en su bohío, enclavado en plena ladera montañosa fue como llegar al paraíso. No miento cuando digo que los días pasados allí han sido los más felices de mi vida espiritual, solo comparable con el nacimiento de mi hija. Quisiera explicar aquí todas las sensaciones vividas en esos lejanos días pero este post se ha extendido demasiado, el ambiente lluvioso ha puesto a volar mis dedos sobre el teclado y va siendo hora que le ponga freno.
Solo quiero narrar una pequeña anécdota vivida muy cerca del bohío donde fuimos a protegernos y que me ha marcado por siempre. Era aquel sitio una casa donde vendían víveres, muy parecida a la que habitábamos, y llegamos a ella para abastecer la despensa del campesino que tan amablemente nos había acogido. Era muy temprano en la mañana, como siempre la noche anterior fue de grandes aguas, el sol proyectaba sus rayos en la cima de las lomas. Una vez que solicitamos los alimentos pedí me dejaran llegarme a la parte posterior de la casa para realizar unas fotos. Lejos estaba de imaginar el esplendoroso paisaje que se abriría ante mis ojos. La casa estaba construida, como la anterior, en la ladera de la montaña pero daba para una especie de cañón cubierto de un manto de niebla que ocupaba toda su base, que a esa temprana hora permanecía aún en tinieblas, el sol iluminaba las alturas y una parte de la niebla, era un extraño fenómeno que daba la ilusión de encontrarnos sobre las nubes. Jamás he contemplado lugar más hermoso. Les dije a mis amigos que si los elfos, gnomos o duendes existían, debían estar en estos momentos paseándose por debajo de aquella niebla. No fui capaz de realizar la foto, temía romper con el hechizo de aquel mágico lugar.
Etiquetas: Personales, Reflexión
Razón de ser
¡Un fin de semana sin escribir! Una eternidad alejado de mi espíritu, he sentido que me faltaba el aire, cuan necesarios se vuelven estos pequeños espacios íntimos y a la vez públicos en los que tantas personas se expresan. La cifra se eleva a varios millones de blogs alrededor del mundo, rozando temas tan variados como personalidades poseemos los seres humanos, bueno y los no humanos también, en algunas ocasiones me he tropezado con bitácoras dedicadas a mascotas. ¿Serán tecleadas por ellas? Todo es posible en este universo virtual en donde asumimos naturalezas añoradas con la insensatez de volcar las ideas que jamás tendríamos el valor de exponer en público.
No pienso que la cantidad de blogs se deba a una necesidad imperiosa de escribir, al menos no en la mayoría, si fuera así los cuadernos y bolígrafos hubieran vividos agotados en las librerías en la era pre-internet y el mundo estuviera cubiertos de libros que encerrarían millones de historias, casi tantas como almas vivimos en este planeta. La proliferación de estos se debe al oculto y casi nunca confesado placer de ser leídos, a saborear el instante en que recibes un correo informándote de que alguna persona dejó un comentario en una entrada reciente, en esos momentos el corazón late deprisa y rezas callado por que sea favorable la opinión que te espera al final del post.
Yo escribo por las dos razones, no lo voy a negar, sería estúpido si lo hiciera pues me estaría engañando. Amo la literatura desde que tengo uso de razón, escribir siempre fue una necesidad en mi vida aunque lo hacía con menos frecuencia en el pasado. No porque sabía que los cuadernos que llenaba terminaban cubiertos de polvo en un rincón del viejo librero que me acompaña desde niño sino porque aún no había alcanzado el nivel de conciencia necesario para darme cuenta de lo importante que es expresarse, no por los demás sino por ti mismo, por la relajación que produce el crear vida de la nada, es como jugar a ser Dios. Fabricar un mundo con seres que siempre te van a acompañar, que nunca traicionaran y vivirán junto a ti hasta el momento en que desaparezcas.
Etiquetas: Personales, Reflexión
Alcona
Ayer visitaba una hacienda en las afueras de la ciudad, un lugar paradisiaco convertido en espacio para la recreación con toda la parafernalia que eso implica: restaurants, bar, música y la especialidad de la casa, algo un poco extraño para un ente citadino: la cría de gallos de pelea. Los fines de semana se realizan riñas con esos animales en un espacio conocido como el coliseo, en alusión al tristemente célebre estadio romano, donde tantas almas fueron a encontrarse con su creador. Para aquellos defensores de la vida animal —entre los que me incluyo— que piensan horrores de esta práctica puedo decir que los combates no resultan peligrosos para las aves, puesto que sus espuelas están cubiertas con una especie de funda precisamente para evitar herirlos. Pero por desgracia esto no se realiza por razones humanitarias sino porque el precio de los gallos haciende a la increíble suma de ¡3000 dólares el ejemplar! Ahora bien si un ser que podremos calificar como “humano” desea realizar un combate tradicional (a muerte) debe abonar esa cantidad, es decir, comprar el ejemplar y al ser su dueño puede decidir su suerte. En fin que la práctica sigue siendo igual de grotesca que en la antigua Roma, donde los dueños de esclavos decidían sobre su destino, aunque calmada un poco por la elevada suma de los gladiadores, fenómeno que agradecen estas bellas aves.
Este pequeño inconveniente no atenta contra la belleza natural del lugar. La finca Alcona, tal y como fue bautizada hace muchos años, está enclavada en un valle donde la vista se pierde entre pastizales que parecen no tener fin, a lo lejos azuladas montañas interrumpen la estela verde de hierbas mecidas al viento. Rodeando la casa principal de la hacienda encontramos infinidad de árboles frutales donde están presentes jugosos frutos tropicales, vagar a su sombra recolectándolos es un placer exquisito para las manos que se cubren de fresca resina e impregnan nuestros poros de una fragancia paradisiaca. Pero nada comparable con el dulce sabor que se experimentan en las glándulas salivares al llevarnos el fruto a la boca, una explosión de sensaciones olvidadas, al menos para mí que nací y pase una parte de la infancia en un lugar parecido, vienen a invadir nuestros sentidos. Todo esto vino a completar el absoluto relajamiento espiritual y físico de mí ser cuando me aleje del grupo con el que fui hasta aquel sitio y deje que mis pies tomaran el camino que más deseaban y recorrí a mis anchas todo cuanto me fue posible. Que inmenso placer sentir el olor de los árboles, la frescura que proporciona el viento, la irregularidad de la tierra bajo los pies y sobre todo la tranquilidad, el silencio del monte que te induce a deambular sin fin dejando que el pensamiento fluya y las miles de ideas aprisionadas por la barrera del estrés rompan sus cadenas y salgan a compartir esos momentos de felicidad.
Hubiera dado lo que no tengo por permanecer todo el día en aquel sitio, alejado del hollín y del bullicio citadino, sumergido en pleno gozo de mi cuerpo y mente, olvidándome por un rato quién soy y a que me dedico, soñando historias que jamás verán la luz y con personas inmateriales, pero el tiempo es indetenible y los placeres ponen alas en sus pies como el divino Hermes. Quisiera mudar mi habitáculo hacía aquellos espacios abiertos aunque eso implicará dejar detrás muchas cosas logradas, valdría la pena estoy seguro pero es imposible al menos en los días actuales. He sacado una moraleja —como en los cuentos infantiles — de todo esto, me he encontrado conmigo y he sabido que si quiero realizar mis sueños debo buscar espacios así, lugares de ensueños y tranquilidad, así podré cursar una invitación a las musas para que me visiten. ¿Aceptarán?
Etiquetas: Personales, Reflexión
Inconcluso V
Cierto es lo que pregonan los ancianos sobre sus preferencias por la tranquilidad y la rutina en contra de lo novedoso e inestable. Esa edad prefiere regirse por costumbres fijadas hace mucho tiempo que les hace sentirse seguros y quizás felices. La juventud en cambio, salvo algunas excepciones, es de espíritus rebeldes, siempre buscando el cambio y el movimiento en sus vidas. Yo no escapo a esa ley divina, asombrado me quedo al analizar mi vida actual y maravillarme por el comportamiento que estoy siguiendo y que propicio a mi alrededor. Siempre fui muy rebelde, amante de lo imposible, buscando cambios a cada momento, practicante de deportes extremos que significaban todo para mi vida. Soñaba con recorrer el mundo por lugares inhóspitos, no detenerme mucho tiempo en ningún lugar pues el planeta es muy extenso para recorrerlo en una sola existencia. Sin embargo aquí estoy, convertido en todo lo contrario a lo que siempre desee, pero eso no es lo más extraño sino el hecho de que me siento a gusto con ello. Busco las fórmulas más inverosímiles para crearme una vida rutinaria, unas costumbres o quizás manías que repito cada día y cuando algo atenta contra ellas siento malestar, un raro estado físico que no logro explicar bien. Esos cambios, que conozco son muy necesarios para no colmar la vida de aburrimiento, los disfruto muchísimo pero en el fondo anhelo el momento en que volveré nuevamente a mi anterior estado de “inacción”. Aunque no es precisamente inactividad es otro tipo de acción, no aquella que trae aparejada grandes movimientos físicos como días de farra o expediciones por remotos lugares sino una actividad más intelectual, digamos creativa donde el verdadero quehacer se realiza en el mundo interno, imaginando a cada instante situaciones increíbles para darle forma y volcarla sobre el papel. Pienso me estaré volviendo viejo, un poco prematuramente es verdad pero consciente de mi estado, feliz por mi decisión de tomar la vida desde otra óptica. Añoro los años en que pensaba de otra manera pero lo recuerdo con la alegría del amor conseguido. El futuro se dibuja prometedor.
Etiquetas: Personales, Reflexión
Contradicciones
Me siento a escribir sin una idea fija, mis manos se mueven por el teclado sin un cerebro que las guíe, actúan como seres autómatas sin un programa detrás, es como esos mecanismos de relojería que solo necesitan cuerda para ejecutar su eterno movimiento. Eterno no, fugaz pues dependen de nuestra voluntad para seguir andando. Estoy siendo egoísta, escribo para mí en un espacio abierto, me comparo a un muralista alienado que se protege en las sombras de la noche y utiliza una vela para saciar sus deseos de creación. Estaré en mis cabales, no lo sé. El hecho de cuestionármelo demuestra que sí. Es triste. Supongo que la locura, al menos la voluntaria, te sumerge en un estado de felicidad único, inalcanzable para el resto del cuerdo mundo. De una cosa estoy completamente seguro y es que realizar esta faena cada vez que tengo un poquito de tiempo (por desgracia cada día es menor) me proporciona un gozo único, inalcanzable, vaya uso los mismos adjetivos que emplee para designar a la felicidad, bueno al fin y al cabo el estado es el mismo: sentirme dichoso, alegre, eufórico, que se yo viviendo como deberíamos hacerlo todos los seres humanos, realizándonos en las tareas que más adoramos. ¿Se imaginan un mundo regido por esas reglas?, donde cada quién haría lo que más quisiera, sería como la mítica utopía convertida en algo físico. ¿El mundo iría mejor o caminaríamos hacía una segura destrucción? Pienso que lo primero ya que el cataclismo se cierne sobre nuestras cabezas en esta caótica sociedad actual. Pues a avanzar hacía ese especie de anarquismo, que no sería tal ya que habría personas que lo conducirían pues les gusta disponer, pero lo harían por placer y no por interés monetario que es el motor impulsor en la actual sociedad y lo vuelvo a repetir causa, fuente, maná de todo mal. ¡A desterrar de nuestro interior el egoísmo, la avaricia, la maldad y a fomentar el amor, la risa (como apunta sirena varada en su Elogio de la risa) para que al abandonar este mundo lo hagamos llenos de felicidad, libres de toda atadura!
Etiquetas: Personales, Reflexión
Tiempo
Cuanto necesito de ti, eres el alimento vital de un alma intranquila, exigente de sí misma, a tu lado, las horas escasean, los minutos pasan a velocidades astronómicas y los segundos, esos no se ven.
En el último post comentaba algo de este enemigo mortal de aquellos seres que necesitan a toda costa expresarse, por lo general somos una raza que vive de otros menesteres y que únicamente se siente feliz cuando pueden sentarse a plasmar en letras el mundo interno que los atormenta. No conozco un solo escritor que se jactara de tener tiempo para no hacer nada, siempre maldiciendo la rapidez con que se mueven las manecillas del reloj, odiando al Dios Chronos por ser eficiente en su labor, por no bajar sus defensas y conceder una tregua. Cruel destino.
Precisamente el día que publicaba ese post me entretuve leyendo nilibreniocupado, una bitácora que sigo de cerca y cual no fue mi sorpresa al constatar que su autor tocaba el mismo tema. Después en otro sitio que mi memoria por ser tan "eficiente" no retuvo, vi que el protagonista era nuevamente este ser despiadado. ¿Existiría una conexión en esos momentos entre aquellos que deseamos exhibir al mundo nuestro monstruo interno? Quizás.
Hay tantas cosas para hacer; libros pendientes por devorar, amigos a visitar, bibliotecas donde sumergirse hasta el cuello en sus anaqueles, textos para estudiar, momentos a meditar y sobre todo millones de ideas para escribir que se atropellan en la punta de los dedos que una vida no alcanzaría. He buscado formulas que matarían de envidia al mismísimo Dr. Jekyll y no he encontrado la solución, duermo pocas horas, me apuro en las labores cotidianas para ganarle unos segundos al reloj pero ni modo. Cuando cae la noche, ya cercana la madrugada es que tengo unos minutos libres, sin embargo estoy tan agotado que apenas produzco algo inteligente, el cerebro se me vuelve una argamasa de ideas que filtrarla cuesta un esfuerzo superior a mis fuerzas en esos instantes. Triste apago la PC y voy a consolarme unos minutos con el libro de turno para acabar ahogado en llanto contemplando el alba que el desvelo de la inconformidad me ha obligado a disfrutar.
Etiquetas: Personales, Reflexión
El mal
Recorremos el largo sendero de la vida analizando y juzgando el mundo desde nuestra óptica, emitimos juicios apoyados en la experiencia que trae el vivir, también un poco en la cultura alcanzada por el estudio de las ciencias sociales y sobre todo en los valores humanos en que fuimos educados.
Siempre esperamos recibir, o quizás deba hablar en singular pues en este álgido punto es difícil generalizar (hay personas que viven “desengañadas”), lo mismo que damos. Cuando no sucede de esa manera nos sentimos mal, traicionados, escépticos de la sociedad y tristes, muy tristes, cercanos a la depresión, llenos de dudas nos preguntamos ¿Cuál es el camino a seguir para no morir aplastados por la avalancha de egoísmo que devasta al mundo?
Cada vez que una persona actúa de forma equivocada trato por todos los medios de encontrar una explicación a su comportamiento, pienso que detrás de su proceder hay una razón de peso, motivos que justifiquen sus actos a su conciencia. Por eso necesitaba escribir, volcar todo mi malestar sobre el papel para no explotar de incertidumbre y dudas, llenarme de esperanzas, creer que aún tenemos salvación y que el egoísmo ese motor impulsor del odio se romperá. ¿Por qué seremos tan imperfectos, materialistas y mezquinos? ¿Dónde está el placer en forjar el mal?
Ningún ser pensante, inteligente, en su sano juicio puede descansar tranquilo sabiéndose ejecutor de vilezas. Reniego de la existencia de la mala voluntad por placer. Quizás la ingenuidad o el anhelo de una sociedad mejor me hace ocultar la existencia de estos seres malignos que sienten goce al dañar a otro persona.
Pero olvido una verdad, nuestro creador nos forjo del barro, una arcilla llena de impurezas que se cae a pedazos al solo tocarlas por el lado débil, ese que tratamos de proteger y cubrimos de una coraza de fuego por temor a desaparecer. La clave no está en cuidarla como piensan muchos, sino tener el tino de agacharse y recoger un barro más puro, semejante al de la porcelana, y rellenar ese hueco dejado por las malas acciones con una arcilla transparente, traslúcida. De esa manera nos alzaremos más brillantes y sólidos que antes, siendo mejores personas, cercanas a la perfección, no material sino espiritual.
Algo así quiso decir Jesús cuando ofreció la otra mejilla, nos enseño a levantarnos del polvo iluminados por un aura luminosa, exponiendo al mundo la grandeza del perdón.
Etiquetas: Personales, Reflexión
Respeto a la vida
La decisión sobre el fin voluntario de nuestra existencia es una facultad que responde solo al ansia personal de abandonar este mundo, nadie excepto Dios tiene la potestad para cambiar ese derecho inalienable de los seres humanos. Este pensamiento me acompaña desde la tierna infancia donde fue forjada mi alma en los más altos valores humanos, despejándome de nieblas el camino hacia la verdadera justicia, esa misma que le perdona la vida hasta el más desalmado criminal.
No estoy bajo ningún concepto a favor de la pena de muerte, creo que existen sobrados medios para sancionar a un ser que haya cometido un delito, la prisión por ejemplo es un proceder bastante poderoso para castigar a todos los que infligen la ley, ese conjunto de normas dictadas por la sociedad del buen vivir. Por eso no entiendo y no lo haré jamás cómo es posible que se cometan actos de barbarie en países que consideramos desarrollados e incluso admirados. Me explico:
China ese maravilloso país asiático acaba de ejecutar a dos personas por el delito de robo de bancos. Ren Xiaofeng, de 34 años de edad, y Ma Xiangjing, de 37 fueron condenados a muerte en agosto pasado por hurtar 6.4 millones de dólares de una sucursal bancaría en la ciudad de Handan en el norte del país. Sanción cruel y desalmada mucho más cuando conocemos que lo hicieron para jugar a la lotería nacional, la cual esperaban ganar para ¡reponer el dinero! y quedarse con los beneficios.
El acto delictivo en sí es infantil, esos seres no pensaron en hacer daño a nadie y menos al estado, entonces ¿cómo es posible que se tome una medida tan drástica contra ellos? Comprendo las culturas de cualquier país, llegó en muchas ocasiones hasta admirarlas, aunque disten mucho de las mías, eso también me lo enseñaron de pequeño, pero todo tiene un límite, no estamos en la Edad Media cuando la vida humana valía lo mismo que la de un perro, con perdón de esos bellos y adorables animales. Corre el siglo XXI, las sociedades “desarrolladas” han aprendido a respetar al semejante, muchos siglos de injusticias y dolor deben servir para sensibilizar las almas de los líderes, los mismos en quienes hemos puesto la confianza de nuestra seguridad. ¿Será el momento de comenzar a dudar?
No quiero seguir emitiendo juicios sobre una zona geográfica y cultural que me es tan ajena, podría cometer el error de equivocarme, aunque convencido estoy que este acto no tiene justificación. Como ya expuse existen sobrados castigos, no físicos sino morales, para disuadir los malos procederes y mantener el orden en este mundo que cada día avanza hacía su propia destrucción.
Etiquetas: Reflexión
Kyle XY, una temporada de afecto
En una ocasión comentaba sobre esta serie televisiva que estaba disfrutando y consideraba cargada de positivos valores humanos. Hoy he concluido la segunda temporada en el colmo de la satisfacción, asombrado por la maestría con que sus guionistas han elaborado todos y cada uno de los capítulos. En ellos se expone a cada segundo la necesidad de afecto que tenemos los seres humanos y que ocultamos tras una coraza de inquebrantable acero.
El amor familiar, ese sentimiento del cual estamos rodeados desde nuestro nacimiento está continuamente presente, pero enfocado su verdadero aspecto, vital y preciso para la vida. La esencia de la felicidad radica en sentirnos parte de un lugar o grupo social que tiene su núcleo en la familia donde somos queridos o en algunos casos odiados, influyendo en nuestro comportamiento para con el resto del mundo.
Si carecemos de afecto familiar, sino existe ese rincón donde somos queridos, actuamos en consonancia y puede que nos convirtamos en especímenes huraños, cargados de odios y envidias al tener mutilada una parte de nuestra alma.
Como reflejo interno vamos por los caminos buscando la guarida que nos pertenece, la cual debe existir en algún sitio. Todos somos parte de algo, los ermitaños corresponden al bosque o al desierto, entre las arenas o los árboles encuentran su amor interno que los colma de felicidad, los seres viles, esos que tienen un alma oscura idolatran también, aunque el objeto del deseo sea inmaterial.
Kyle XY es un buen ejemplo de búsqueda, la necesidad vital de cariño con su base familiar conforma la vida de los personajes, transformándolos en entes buenos o malos según posean o carezcan de amor, la más antigua necesidad humana.
Mi lugar
Hace un tiempo lamentaba la suerte de verme alejado de este rincón en donde me siento tan bien. Recordando a Don Juan, ese misterioso personaje del también enigmático escritor-antropólogo Carlos Castaneda, por fin he hallado mi lugar, ese donde convergen energías propicias a mi existencia.
A diferencia de lo expresado por el brujo mi paraje no es propiamente físico, al menos no en la forma tradicional, sino virtual o digamos mejor espiritual. Puedo llenar de letras el blog en cualquier sitio donde tenga privacidad, el vínculo es interno, una puerta que encuentra el alma para expresarse.
Como en la pasada ocasión el motivo de la distancia ha sido la necesidad de dinero, ese objeto nefasto que por su causa sufro cada segundo de separación literaria. Un trabajo de última hora, bien recompensado, me secuestra días sin darme un segundo de descanso ni siquiera para posar la cansada vista sobre un libro. Es triste pero necesario.
Añoro el momento, si es que alguna vez llega, en que pueda vivir de escribir. Eso sería el colmo de la felicidad para un espíritu atormentado como el mío. Todos poseemos sueños, la mayoría irrealizables pero apelo a la bondad de Dios para apartar las oscuras piedras del camino que me ha tocado recorrer.
De cierta manera en estos días ha influido en ello. Sorprendido por una baja considerable en las visitas al blog, echaba la culpa de ello (aunque no deja de influir claro está) a la ausencia de actualización, sin embargo comentándolo con un amigo que en análoga situación se encuentra el suyo, proyectó luz sobre el fenómeno y trajo tranquilidad a mi alma. Esta semana que termina es Semana Santa, muchas personas abandonan sus ocupaciones habituales, entre las que se hayan navegar por la red, y se van a descansar a cualquier rincón.
Aunque me quedan unos días de inevitable trabajo, haré lo posible por estar cerca, no puedo seguir soportando la sensación de ahogo que invade mi pecho y cuya única cura es volver cada día a este, mi lugar.
Etiquetas: Personales, Reflexión
El tren
Sucedió hace mucho tiempo. Yo era un niño de nueve años y vivía en las afueras de la ciudad, en un pintoresco reparto habitado en su mayoría por personas nobles y sanas. Aunque también existía una minoría de seres bajos los cuales eran insignificantes que apenas producían daño. Hoy esa situación se ha invertido. Triste realidad. Bueno no es lo que deseo contar, sino un hecho que marcó fuertemente en mí y en parte formó el individuo que soy ahora.
Me había escapado de casa con mi primo C., un año mayor que yo, para ir a jugar a un parque de diversiones cercano, un sitio rodeado de extensas áreas verdes. De camino nos tropezamos con otro muchacho, un joven ya entrado en la adolescencia y que sin invitarlo se unió a la aventura.
En realidad no íbamos a montar los juegos mecánicos porque carecíamos de dinero sino a vagabundear por los alrededores o como dicen los mayores a mataperrear. Llegamos a una zona conocida por el rodeo, donde los pequeños montaban ponis y los mayorcitos alquilaban caballos destinados a recorrer toda el área del parque. Pero por alguna desconocida razón ese día no existía actividad en ese sector, hecho que nos desilusionó pues siempre conseguíamos que alguien nos pagara una vuelta.
Este lugar estaba próximo a una línea de ferrocarril que se extendía por todo el parque y por la que transitaba un pintoresco tren de carbón arrastrando unos cinco vagones repletos de niños con sus familiares, uno de los entretenimientos más codiciados por los visitantes.
Llevábamos un rato sentados en la cerca que bordea el rodeo, conversando sobre que hacer para matar el aburrimiento que comenzaba a invadir nuestra vida, cuando oímos a lo lejos el silbato del tren, nos volvimos y advertimos el negro humo proveniente de su chimenea, cual dragón anunciando su paso con fuerza.
Una común diversión era colocar pequeñas tapas de botellas sobre el rail para aplastarlas con el paso de la mole metálica y así obtener un filoso disco. El mismo era el principal componente de un interesante juguete: el disco se perforaba justo en el centro y se le pasaba una cuerda que era atada por sus puntas. Se asía con las manos y se le daba vueltas hasta conseguir enrollarlo por completo, la tensión era tanta que al separar las manos el disco comenzaba a girar con rapidez. El juego consistía en pegar los artefactos hasta cortar la cuerda contraria.
—Que pena no tener unas tapas —dije.
—Si, quedarían mejor que las hechas a martillo —dijo C.
Fue en ese instante cuando al chico mayor se le ocurrió la terrible idea.
—Vamos a hacer algo más divertido —dijo R. observándonos con una maliciosa sonrisa. Colocar los palos esos de allí atravesados sobre la línea, a ver que pasa.
C. y yo nos miramos dudando, el corazón comenzó a latirme con fuerza e iba a objetar algo pero ya R. estaba junto a los palos y nos hacía señas para que lo ayudáramos a colocarlos.
Gracias a Dios solo tuvimos oportunidad de colocar dos de ellos ya que el tren se acercaba y teníamos que ocultarnos. Lo hicimos tras unos arbustos junto a la cerca del rodeo, los tres muy unidos, en silencio observando, el miedo comenzó a invadir mi cuerpo.
Por suerte no ocurrió ninguna desgracia. El maquinista vio a tiempo la barrera y aplicó rápidamente los frenos, sin embargo los palos se atoraron con las ruedas delanteras. Maldiciendo descendió y trato de sacarlos pero no era tarea fácil, se habían partido en varios pedazos y estaban entre los engranajes. Tuvo que darle para atrás al tren hasta lograr separarlos por completo.
R. desde el escondite contemplaba gozoso la escena, riéndose bajito. El maquinista sin dejar de proferir injurias tomó los restos de palos y se fue acercando hacía donde nos ocultábamos. ¡Era posible que nos hubiera descubierto! Empecé a temblar.
— Viene para acá —dijo C. hablando bajo. Creo que nos vio.
— Si nos llevan para la policía digo que fueron ustedes los que lo hicieron —dijo R.
Por mi mente paso toda la escena: una estación de policía, el calabozo, mi madre regañándome, mi padre enfurecido, los vecinos comentando como era posible que yo hiciera algo así, mi abuela llorando…
El maquinista llego a pocos pasos de nosotros, el mundo se me venía encima, arrojó los restos de palos dentro del rodeo y marchó hacía el tren. ¡No nos había descubierto!
Una vez que el tren se alejo salimos de los arbustos y respiramos aliviados. Ahí fue cuando C. le arrojo en cara a R. su cobarde comentario. Aludió que lo dijo en broma, no podíamos creer que lo decía en serio, además sabía que no nos habían descubierto y miles de justificaciones más.
Yo había quedado en silencio, muy asustado para conversar. Imaginaba que hubiera pasado de no frenar el tren a tiempo, si se descarrilaba muchos niños saldrían lastimados, heridos, muertos. No podría vivir con eso. Ahí fue cuando comprendí que jamás podría hacerle daño a nadie, no sería capaz de cargar con ese peso sobre mi conciencia. Me juré no volver a idear ni a participar en algo como eso, primero huiría como cobarde o si era fuerte lucharía para evitar acciones así.
Ese día quedó marcado en mi memoria descubriendo la frontera entre el bien y el mal, por un instante estuve del lado equivocado, injusto y no me agradó.
Etiquetas: Cuentos, Personales, Reflexión
Retiro
Ayer permanecí inactivo, completamente inerte a todo tipo de creación intelectual o actividad física. Mí cuerpo, sobre todo ese lugar generador de ideas, sentimientos y demás trastos llamado cerebro, debía descansar. Así que estuve el día entero sumido en el mundo de los sueños, vagando por senderos paradisíacos irrecordables una vez despiertos.
Aproveché ese día de descanso para reintegrar las dispersas energías que se valen del menor descuido para huir sigilosas en busca de mejor entretenimiento. Lo conseguí. Aunque algunas de ellas se resistieron al arresto la gran mayoría fue comprensible y regresaron por las buenas a seguir colmando mi ser de energía vital.
Esta actividad recuperadora es ineludible, no hacerlo nos conduciría a un desierto estéril donde reina el vacío entre inmensas dunas. Familiarizado estoy con esos derroteros como para subestimarlos, paraje inhóspito de difícil salida pues mientras más nos aferramos buscando una salida más nos adentramos en su extensión. Lo mejor es estarse paralizado, relajado y veremos como las dunas se van cubriendo de verdor y brotan árboles cubiertos de frutos, rebosantes de ideas y sueños. Tomarlos y saciarse con ellos es nuestra oportunidad para continuar desarrollando ilusiones.
Etiquetas: Personales, Reflexión
Egoísmo
Vivo en un mundo extraño, desolado y surrealista. Una sociedad de lo absurdo donde la degeneración humana se acentúa cada día. El anarquismo mental se adueña de los individuos haciéndolos frívolos, egoístas, solo preocupados por su beneficio, interesados únicamente en sacar ventaja de todo y de todos, intentando robar a cada segundo.
El hurto está perenne en esas mentes, utilizando insólitos artificios para hacerte caer en sus trampas, para sacarte unas pocas monedas, no porque la necesiten para sobrevivir sino para engrosar sus ya repletos cofres. Es un fenómeno que me hallo en todos los lugares sin excepción. He caído en sus garras multitud de veces, en muchas reclamo y sin medir disculpas devuelven el fruto de su artimaña, en otras no tengo ánimos para apelar. Me invade una profunda lástima por esas pobres, egoístas y viles almas. No puedo concebir como son capaces de conciliar el sueño sabiéndose portadoras de tanto mal, un peso enorme para cualquier ser humano.
Es vergonzoso y triste observar como se expande esta situación como una plaga de langostas, arrasando todo a su paso sin que medie una solución, sin hallar una salida. ¿Adónde iremos si seguimos por este sendero? De seguro al infierno, no ése bíblico sino uno terrenal mucho más terrible.
Etiquetas: Personales, Reflexión
Espacio vital
Hace un tiempo me entristecía el abandonar por unos pocos días este blog. En ese entonces no me detuve a pensar la causa de mi triste sentir. Hoy comienzo a vislumbrar la verdadera razón de ese estado emocional, algo así como los primeros síntomas de una enfermedad, un padecimiento que veo acabara con mi vida, una droga a la cual me he vuelto adicto.
Todo comenzó como un juego, un entretenimiento intelectual para desempolvar las neuronas del hemisferio derecho del cerebro y darle una forma más poética a mi vida. ¡Pobre ingenuo!, no conocía que me estaba adentrando en los laberínticos caminos de la creación, escabrosos senderos de los cuales no se sale ya nunca.
La única arma que poseo es la pluma, con ella me auxilio para llenar hojas en blanco con las ideas que atormentan mi interior, apilándose y gritando por salir para llenar este espacio vital. He llegado al punto de rentar el dominio letraseideas.com para satisfacer mi ego, para comprometerme en serio con este blog, para hundirme en abismos intelectuales.
Pero nunca me he sentido mejor, disfruto cada línea escrita, sea buena o mala. Como los drogadictos siento un alivio tremendo al recibir su dosis diaria, es la liberación de las ideas, de los sentimientos que pesan dentro. Cuando, por una u otra razón no puedo escribir, me invade un inmenso malestar, abandono responsabilidades laborales, ando cabizbajo y triste mirando continuamente la hora, esperando el instante en que por fin me sentaré a volar, a sentirme vivo.
Etiquetas: Personales, Reflexión
Ciudad cercada
Viajo por mi ciudad observándola, sintiendo en mí piel ese frescor proveniente del cercano mar que invade la atmósfera, de allí emana un olor salado, vivo. Ese bálsamo intenta influir vigor a viejos edificios, únicos sobrevivientes de un pasado glorioso, que hoy están en pie tachonados de rellenos modernos, anacrónicos, semejantes a un Frankestein arquitectónico.
La tristeza, esa vieja desdentada que me acompaña en mí deambular y busco abandonar en cada esquina y no lo consigo, me aconseja sentarme a ilusionar una ciudad pasada, llena de luz y colores, de fuerza que da seguridad, de amores ocultos y sueños posibles.
Guiado por su proposición busco un banco, no lo hallo. Los parques, esos espacios abiertos, libres como el mar, están cercados. Las vallas encierran su aire, obstruyen el descanso de ancianos, el correr infantil, la cita amorosa, el juego adolescente bajo un aro, la nostalgia del solitario. Atónico observo tras una alta reja una hermosa fuente, sus cristalinas aguas me invitan a mojar los dedos, a refrescar el rostro y dejar una moneda en el fondo, no como pago sino como gratitud. No puedo, mi brazo no alcanza. Pregunto, alguien responde que abre de… a…, es para cuidar el césped, la fuente, los asientos.
Casi no puedo andar, el desánimo me funde los pies al suelo para obligarme a permanecer cerca de la mediocridad, del absurdo, de la estupidez, del deseo incontrolable de encerrar la libertad.
Etiquetas: Personales, Reflexión
Oscura realidad
Los infortunios nos invaden de repente, se insertan en nuestra vida para hacernos un daño horrible, y dejarnos un dolor profundo, acrecentado cuando no podemos hacer nada por cambiar la suerte.
Un cercano amigo tuvo la desdicha de caer en las manos de la adversidad, enfermo súbitamente fue llevado al hospital C… —no quiero narrar las peripecias previas al ingreso, bastantes insólitas por cierto—. Su pulmón izquierdo presentaba serios problemas, apenas podía respirar, años de nicotina y alquitrán estaban cobrando su deuda…
Presuroso fui a visitarlo, existen momentos para hacernos imprescindibles, necesarios, instantes de miedo y angustia en donde una buena conversación, una broma, una reflexión, ayuda a sobrevivir, a cobrar fuerzas, a salir adelante.
Desde el momento que traspase las puertas del hospital algo dentro de mí dio un vuelco, un sobresalto, había cosas que no estaban bien. Pronto supe que. Un caos reinaba en todo el lugar, edificios construidos hace muchos años en completo estado ruinoso, sin ninguna señalización, guías trastocadas.
Después de mucho vagar y preguntar, halle el sitio donde se encontraba A…
Una construcción —por fuera no presentaba mal aspecto—, me anime, al fin y al cabo se trataba de terapia intermedia, por lo tanto ahí debían existir buenas condiciones. ¡Que incrédulo! La protectora del recinto, una señora entrada en años, robusta, degustaba un irreconocible almuerzo en un recipiente igual de incógnito, la cabeza introducida en él. Pase sin ser visto. Dentro me imagine habitante de la Caja de Pandora. Pasillos a oscuras, ventanas inexistentes, techos derruidos, falsos techos invisibles dejando al descubierto tuberías transportadoras de Dios sabe que. Flotaba en el ambiente un extraño olor —no el típico de los hospitales—, el suelo, paredes, todo cubierto de suciedad, mucha suciedad.
De casualidad abrí una despintada puerta, donde rezaba en unas letras descoloridas "terapia intensiva". Llegue a destino. A… estaba al final de la sala. No voy a exponer todo lo que me contó, no me corresponde esa misión, lo incité a escribir, a lo mejor se decide o quizás me pida que yo lo haga, ya veremos. Rezo para que pronto abandone ese horrible paraje.
Salí deprimido, triste. Hasta ese día me sentía tranquilo, habitante de un país que pregona a todas voces, ser poseedor de un sistema de salud sin igual, envidiable por las grandes potencias mundiales. Cruel engaño, falaz proclama, dolorosa desilusión al comprobar en carne propia la terrible realidad.
Etiquetas: Reflexión
Solidaridad
Eran las 3:30 AM cuando el insistente teléfono me despertó. Sobresaltado levanto el auricular, mis temores se ven confirmados. Desgracia familiar.
Con prisa me visto y salgo a una calle desolada, oscura, el frío calando los huesos, el corazón oprimido por la angustia. La voz al otro lado del teléfono había insistido que fuera a casa de mi S..., ella se encontraba en muy mal estado, en vista de la desdicha que le había tocado vivir con un familiar tan cercano. Durante el trayecto —40 minutos de duración—, voy pensando en encontrarme una casa llena de miedos e incertidumbres, solo habitada por dos personas: mi S... y su piadosa acompañante. Normalmente ahí viven tres personas, dos de ellas se encontraban en el hospital, una grave, la otra enferma de inquietud.
Cual no sería mi sorpresa al entrar por la puerta y hallarme ante un espectáculo increíble, una visión, una utopía solo realizable en países con mucha solidaridad; ¡la casa estaba llena de personas ofreciendo su ayuda! Entes que se deshacían por servir, por consolar, por apoyar. Quede estupefacto.
A pesar del infortunio, mi corazón dio un vuelco, la esperanza retomó mi alma y un viso de alegría inundo mi ser. Quizás entre todos hicimos que el horror desapareciera, al amanecer vimos ante nuestros atónitos ojos la figura del ser por el cual nuestros corazones palpitaban de angustia y dolor, parado frente a nosotros.
Etiquetas: Personales, Reflexión
Sin luz
Estoy apagado, mi alma, envuelta en las tinieblas del silencio, muere deseosa por expresarse, grita pero no se escucha.
Las ideas no llegan a materializarse en letras, estoy vacío, seco. Es horrible. Miles de angustias invaden mi ser, tengo ganas pero no fuerzas, ansias de escribir sin inspiración, nada sale.
Para mal de males, Proust ha vencido, no he sido capaz de superarlo, demasiado fuerte, denso, varios meses en su compañía y al final he depuesto las armas. La experiencia: cuando no desees, cuando odies, cuando rechaces; no luches, reconoce tu derrota. Serás libre.
Lleno de tensiones despido este año y comienzo el próximo. Debo hacer algo: cambiar de filosofía. Empezar a ver el mundo desde otra perspectiva, quizás de cabeza. No hacerlo podría traer el desastre, el caos. Ya he visto el preámbulo: noches de insomnio, cansancio, dolor, demonios que invaden mi privacidad e intentan llevarme a rincones oscuros, lejos de la luz.
Saldré, hallaré el camino, aún tengo fuerzas, poseo objetivos, cosas por las que luchar, personas que amar, ellas confían, yo creo en ellas. Es suficiente.
Etiquetas: Personales, Reflexión
